CAPÍTULO.21

Instauración de un mundo nuevo

 

 

21.1  Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe.

 

- Momento culminante del libro. Eliminadas todas las fuerzas del mal, incluso la muerte, se instaura plenamente el Reino de Dios en un mundo nuevo sobre el que habitará una nueva humanidad.

 

- Es impresionante: vivir para creer, morir a esta vida para vivir y merecer, nacer a la Vida nueva para gozar por siempre…, no tengo palabras - se emociona Sara -.

 

21.2  Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo.

 

21.3  Y oí una fuerte voz procedente del trono que decía: -"Ésta es la morada" de Dios con los hombres:" Habitará con ellos y ellos serán su pueblo", y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios.

 

21.4  Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y no habrá ya muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó.

 

- Un pueblo santo, dispuesto para vivir en comunión plena de amor con Dios. En este pueblo se cumplirá la promesa de la Nueva Alianza, según la cual, Dios estará presente impidiendo todo signo de mal, de sufrimiento y de dolor. No se sabe cuando ocurrirá la consumación de la tierra y de la humanidad, solo que es inminente. Tampoco se conoce de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo afeado por el pecado pasa, pero Dios nos tiene preparadas una nueva morada y una nueva tierra donde habitará la justicia y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebosar todos los anhelos de paz que surgen del corazón humano.

 

- Parece que Mikel se queda sin respiración, le impresiona de tal manera este texto que…. guardamos silencio y cerramos los ojos. Es demasiado maravilloso para ponerle imágenes humanas, solo sentimos sensaciones, nada se le asemeja. ¿Reconoceremos nuestros lugares preferidos? ¿Será un mundo distinto o este mismo totalmente regenerado? ¿Cambiarán las leyes físicas? ¿Será como el mundo de Adán y Eva antes del pecado, en un Paraíso Terrenal sin posibilidad de pecado alguno? Sea como sea, lo que Dios nos tiene preparado si somos dignos, será maravilloso. - Sara, Mikel y yo, meditábamos estas y otras cosas, y después de un largo silencio, continuamos -.

 

- Ya queda poco, estamos en el penúltimo capítulo y es un placer esta lectura, además, Mikel, no tienes que darnos muchas explicaciones, ya entendemos bastante bien esta parte del texto. Continúo.

 

21.5  El que estaba sentado en el trono dijo: -Mira, hago nuevas todas las cosas. Y añadió: -Escribe: «Estas palabras son fidedignas y veraces».

 

21.6  También me dijo: -Ya está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al sediento le daré de beber gratis de la fuente de agua viva.

 

21.7  El que venza heredará estas cosas, y "yo seré para él Dios, y él será para mí hijo".

 

21.8  En cambio, los cobardes, incrédulos, abominables y homicidas, fornicarios, hechiceros, idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

 

- Por primera y única vez en todo el Apocalipsis, habla ahora el mismo Dios desde su señorío absoluto. Mientras nosotros seguimos en este mundo de dolor, Dios afirma que está haciendo el mundo nuevo. “Desde que Cristo murió y resucitó, ha comenzado el reino de la vida y se ha disuelto el imperio de la muerte, explica San Gregorio de Nisa; este ser lo engendra la fe, la regeneración del Bautismo lo da a luz, la Iglesia lo amamanta con su doctrina y lo alimenta con su pan celestial, llega a la madurez con la santidad de vida…; su desenlace no es la muerte, sino la vida eterna y feliz en la mansión de los santos”. - Nos lee Mikel.

 

- Dios llama a nuestros seres queridos de este mundo al nuevo, - dice Sara - en un desigual lance de amor reclama lo que es suyo, reclama la vida terrenal, como si tuviera prisa por poseerla en su plenitud: las vidas inocentes de los niños son su deleite y las vidas jóvenes, puras, nobles, idealistas y enamoradas que no han llegado a la madurez, son su pasión. Cuando una vida joven se va, me imagino como un rapto al que Dios sucumbe en su debilidad por las criaturas que ama, es el momento, el mejor momento para tomar esa alma juvenil y eternizar el instante, como un enamorado seducido por el flechazo. Y lo hace porque está en su mano: perpetuar la felicidad en el tiempo, a fin de evitar que pueda aparecer cualquier signo de corrupción, desfigurando la belleza de un ser noble en su mejor momento de perfección humana. Nos priva aquí del goce de esa compañía, pero debemos entender que lo que Dios hace es preservarla para la eternidad.

 

- Que cántico más bonito a la muerte aquí en esta vida, Sara. Parece un contrasentido pero “Todo hombre teme la muerte corporal, comenta San Agustín, y hay pocos que temen la muerte del alma… El hombre mortal se esfuerza por no morir, y el hombre destinado a vivir eternamente ¿no se ha de esforzar en no pecar?”. La muerte del cuerpo es un paso ineludible, la muerte del alma es una obstinación en el mal.

 

- Pero el día se apaga, - me interrumpe Mikel, abstraído, con la mente en otro lugar, hablando pausadamente - al final de la tarde nuestra sombra es alargada, el sol, fuente de vida terrenal, cae en el horizonte. Se va desvaneciendo nuestra vida corpórea, su sombra cada vez más larga y difusa, tímido recuerdo de lo que era salud, energía, belleza, vida. Se acerca el gran paso y "todo debe estar en orden". La imagen del misterio también se alarga, crece hacia nosotros y llegará a cubrirnos. En ese momento se hará realidad, dejará de ser misterio y recibiremos el fruto de nuestra esperanza.

 

- Eres un artista, pero ¿Qué nos pasa?, ¿no vamos a ser capaces de llegar al final? Venga, vamos.

 

21.9  Entonces vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas finales y habló conmigo: -Ven, te mostraré a la novia, la esposa del Cordero.

 

21.10  Me llevó en espíritu a un monte de gran altura y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios,

 

21.11  reflejando la gloria de Dios: su luz era semejante a una piedra preciosísima, como la piedra de jaspe, transparente como el cristal.

 

21.12  Tenía una muralla de gran altura con doce puertas, y sobre las puertas doce ángeles y unos nombres escritos que son los de las doce tribus de los hijos de Israel.

 

21.13   Tres puertas al oriente, tres puertas al norte, tres puertas al sur y tres puertas al occidente.

 

21.14  La muralla de la ciudad tenía doce pilares y en ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.

 

21.15   El que hablaba conmigo tenía una caña de oro para medir la ciudad, sus puertas y su muralla.

 

21.16  El trazado de la ciudad era cuadrado: su longitud era tanta como la anchura. Midió la ciudad con la caña y tenía doce mil estadios; su longitud, anchura y altura eran iguales.

 

21.17  Midió también la muralla: tenía ciento cuarenta y cuatro codos, según la medida humana usada por el ángel.

 

- Ciento cuarenta y cuatro, cuadrado de doce: Los doce apóstoles, su fundamento. Los doce ángeles, sus guardianes.

 

21.18  Las piedras de su muralla eran de jaspe, y la ciudad era de oro puro parecido al cristal puro.

 

21.19  Los pilares de la muralla de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedras preciosas: el primer pilar era de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de calcedonia, el cuarto de esmeralda,

 

21.20  el quinto de sardónica, el sexto de cornalina, el séptimo de crisolito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de crisoprasa, el undécimo de jacinto y el duodécimo de amatista.

 

21.21  Las doce puertas son doce perlas. Cada una de las puertas estaba hecha de una sola perla. La plaza de la ciudad era de oro como cristal transparente.

 

21.22  Pero no vi templo alguno en ella, pues su templo es el Señor Dios omnipotente y el Cordero.

 

- La Ciudad Santa, nueva Jerusalén es la Iglesia, Novia y Esposa de Cristo.  Sigue tú, Emilio, yo no me concentro. - Me comenta. Yo continúo con una explicación que creo adecuada al texto. 

 

- Utiliza simbolismos del Antiguo Testamento (Ezequiel), superando en belleza y colorido las descripciones de los rasgos sacerdotales y reales de la ciudad, simbolizados en las piedras preciosas. El templo en Jerusalén representaba la morada de Dios, el signo visible de la presencia divina. Aquí no hay templo, no es necesaria esta morada divina, el mismo Padre y el Cordero están siempre presentes. No hay que recordar la presencia invisible de Dios en el templo, pues los bienaventurados verán siempre a Dios cara a cara, esta visión constituye la gran felicidad de los justos.

 

- Millones de personas desconocidas están gozando del Amor de Dios en el cielo, - interviene Sara - y personas muy íntimas que se han ido, familiares nuestros, amigos, conocidos, personas que sin saberlo nos han ayudado, que han rezado por nosotros, otras a las que nosotros hemos ayudado en su caminar…. Ojalá seamos contadas entre ellas…. Solo falta un instante. Nuestros ojos se abrirán definitivamente y nuestro conocimiento será pleno.

 

21.23  La ciudad no tiene necesidad de que la alumbren el sol ni la luna: la ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero.

 

21.24  A su luz caminarán las naciones, y los reyes de la tierra le rendirán su gloria.

 

21.25  Sus puertas no se cerrarán en todo el día, porque allí no habrá noche.

 

21.26  Llevarán a ella la gloria y las riquezas de las naciones,

 

21.27  pero no entrará nada profano, ni el que comete abominación y falsedad, sino los que están escritos en el libro de la vida del Cordero.