CAPÍTULO.22

Final de la profecía

 

 

22.1  Me mostró el río de agua de la vida, claro como un cristal, procedente del trono de Dios y del Cordero.

 

22.2  En medio de su plaza, y en una y otra orilla del río, está el árbol de la vida, que produce frutos doce veces: cada mes da fruto; y las hojas del árbol sirven para sanar a las naciones.

 

- El agua de la vida es símbolo del Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo. El árbol de vida es el mismo Jesucristo a quien Dios dio poder de dar la Vida, es el alimento que, quien coma de él, vivirá para siempre. Los árboles siempre verdes, con frutos y hojas medicinales, son una imagen del gozo de la vida eterna.

 

- Imágenes seductoras. - suspira Sara.

 

22.3  Ya no habrá nada maldito. En ella estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos le darán culto,

 

22.4  verán su rostro y llevarán su nombre grabado en la frente.

 

22.5  Ya no habrá noche: no tienen necesidad de luz de lámparas ni de la luz del sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos y reinarán por los siglos de los siglos.

 

- Se cumple el anhelo de todo ser humano: la visión de Dios tal cual es, imposible de realizar en la tierra, que les hace semejantes a Él. Todo será paz y seguridad. Todo será amor sin límites, que a todos abarca y a nadie excluye. La bondad, la entrega, el cariño, la felicidad…. estarán presentes en todos nuestros actos, actos libres de personas libres que han ejercido y ejercen eternamente su libertad de elegir el bien, el Amor, de elegir a Dios.

 

- La única verdad es el Amor de Dios a las criaturas, - prosigo - que ha vencido al mundo, y se refleja en esa capacidad del hombre para amar, por encima del afecto instintivo y la atracción entre individuos, capacidad para entregar la vida por los demás, para darse, para donarse en oblación a Dios, dador de toda realidad de vida. Capacidad que se torna infinita en la gloria del Cielo. Allí se vive en y para el ser amado, como si ambas personas, sin perder su propia libertad individual para amar, fueran una única persona, pues el que ama es libre, es libre para amar, ya que no hay amor sin libertad, y se ama más cuando se ama libremente, queriendo con todas las potencias del alma ser…el ser amado, identificarse con él….  

 

- ¡Oh maravilla! - Sara se inspira - El amor de Dios se desborda en nuestra pobre alma. Y gritamos: ¡Señor, que no te he pedido tanto! Y escuchamos: "Yo doy lo que tengo: Amor que sacia sin saciar”. Allá en el firmamento donde habitan las almas gratas al Creador, un lugar idílico, de ensueño, luminoso, nuestro definitivo hogar, donde se han instalado los esposos para siempre, y viven su Amor, el Amor de Cristo a su Iglesia, Iglesia que somos todos los que tengamos la dicha del Cielo, donde las almas se ponen a brillar como estrellas en el firmamento dando luz que nunca se apaga, de felicidad de amor.

 

22.6  Y me dijo: -Estas palabras son fidedignas y veraces. El Señor, Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel para manifestar a sus siervos las cosas que van a suceder pronto.

 

22.7  Mira, vendré enseguida. Bienaventurado el que guarde las palabras de la profecía de este libro.

 

22.8  Yo, Juan, soy quien ha oído y visto estas cosas. Al oírlas y verlas, me postré en adoración a los pies del ángel que me las había mostrado.

 

22.9  Pero él me dijo: -¡No, no lo hagas! Yo soy compañero de servicio tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.

 

 - La visión concluye con la reafirmación de la veracidad de la palabra escrita y la certeza de su cumplimiento, veracidad que se fundamenta en Dios, que es la verdad misma. Insiste en la inminencia de la venida del Señor, creando así un clima de vigilancia y de espera.

 

22.10  También me dijo: -No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.

 

- Una espera corta, que da tiempo a recargar nuestras lámparas o a seguir obstinadamente consumiendo el aceite que queda hasta que se apaguen definitivamente.

 

- Jesús en el último momento tiende su mano y nunca la retira, como hizo con Dimas y con Judas. Hasta el final del día escoge trabajadores para su mies. Hasta el final espera pacientemente. Hasta el final mira enternecido las decisiones de los hombres. ¿No es enternecedor y merecedor de nuestra atención? - Concluye Sara.

 

22.11  El injusto, que cometa aún injusticias; el sucio, que se manche aún más; el justo, que siga practicando la justicia; y el santo, que se santifique todavía más.

 

22.12  Mira, vendré pronto con mi recompensa, para dar a cada uno según haya sido su conducta.

 

22.13  Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.

 

22.14  Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y entrar por las puertas de la ciudad.

 

- Se ha de culminar el camino emprendido hasta la purificación total. Muchos se obstinan en el camino equivocado de la vida cómoda. Están todavía a tiempo de rectificar y purificarse de sus bajezas.

 

- Si no es en esta vida, - aclaro - la Iglesia nos habla de la existencia del purgatorio, un lugar de amor, de amor en la distancia, en la separación temporal de los amantes, pues todavía no ha llegado el momento de vivir la dicha del abrazo eterno, del encuentro definitivo. Es un lugar de felicidad en la esperanza de ese encuentro, para siempre. Es un lugar de sufrimiento purificador por la ausencia de la persona amada. Es un lugar de dicha, de ansiedad expectante, de clamor por nuestras oraciones, las oraciones de los que aun podemos merecer en esta Iglesia militante.

 

22.15  Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los homicidas, los idólatras y todo el que ama y practica la mentira.

 

22.16  Yo, Jesús, he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas que se refieren a las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella radiante de la mañana.

 

- Jesucristo de modo solemne se dirige a los creyentes y ratifica la autenticidad del contenido profético del libro.

 

22.17  El Espíritu y la esposa dicen: «¡Ven!» Y el que oiga, que diga: «¡Ven!» Y el que tenga sed, que venga; el que quiera que tome gratis el agua de la vida.

 

- La esposa es la Iglesia que, con esperanza en la promesa de Cristo, ansía ardientemente y suplica la venida de su Esposo. No se desea la muerte, pero el cristiano anhela a su Señor, anhela ver cumplidas sus promesas de una vida sin mal, sigue en la lucha férrea hasta la llegada de ese momento, feliz para muchos, de frustración para otros.

 

22.18  Yo doy testimonio a todo el que oiga las palabras proféticas de este libro. Si alguien añade algo a ellas, Dios enviará sobre él las plagas descritas en este libro.

 

22.19  Y si alguien quita alguna de las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la vida y en la ciudad santa que se han descrito en este libro.

 

22.20  El que da testimonio de estas cosas dice: «Sí, voy enseguida». Amén. ¡Ven, Señor Jesús!

 

- Una jaculatoria de los primeros cristianos repite como aclamación en la Santa Misa ¡Ven Señor Jesús! La liturgia de la tierra se armoniza con la del Cielo y Cristo mismo responde a la súplica de la Iglesia ¡Sí, voy enseguida!

 

«Sostenidos por esta certeza, reanudamos la marcha por los caminos del mundo, sintiéndonos más unidos y solidarios entre nosotros y, al mismo tiempo, llevando en el corazón el deseo que se ha hecho más ardiente de comunicar a los hermanos, envueltos todavía en la sombra de la duda y del desconsuelo, el “gozoso anuncio” de que en el horizonte de su existencia ha surgido “la estrella radiante de la mañana” ». (Juan Pablo II)

 

22.21  La gracia del Señor Jesús esté con todos.