252- SOBRE LA PERTENENCIA A ALGUIEN O ALGO

 

Pertenezco a… formo parte de… Con independencia de que mi parte de ese todo sea importante o insignificante, me vincula de tal forma que soy lo que mi brazo es de mí: un miembro de mi cuerpo. No es el mismo cuerpo cuando le falta un miembro, no está completo. Cuando uno pertenece a algo, ese algo es uno mismo unido a otros, de tal forma que no existiría si faltaran sus partes, pues las partes forman el todo.

 

Nada es si a nada pertenece. Nada es si nada le pertenece.

 

Como bien expresa Madre Teresa, “…somos una gota de agua en un océano. El océano no sería el mismo sin esa gota”. No sería nada sin sus gotas, ni una gota sería nada si no perteneciera a… la lluvia, al rocío, al mar…

 

Yo soy de la Iglesia Católica y no sería la misma sin mi o sin cualquiera de los miembros que la componen. La Iglesia somos todos los que creemos en Jesús y estamos bautizados en su nombre. No existiría sin nosotros.

 

La pertenencia tiene en este sentido la acepción de lo propio, uno pertenece a lo que le es propio porque forma parte de ello. Uno pertenece a Dios porque forma parte de su Pueblo, y forma parte del Pueblo de Dios porque invita a Jesús a habitar en su morada y le cede el timón de su nave…

 

Forma parte de un Pueblo Santo -la Iglesia-. Sabe que con buen timonel llegará a buen puerto, aunque pase por tormentas impetuosas, no pierde la paz…, ya puede arreciar el viento que él permanecerá en la nave asido fuertemente a sus mástiles, luchando por conservar el rumbo, con mano firme junto al Patrón.

 

Sin embargo, en este mundo, la cultura de la pertenencia conlleva privilegios, reclamados por algunos católicos de visión muy mundana y... no debe ser así. Los católicos queremos ser ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones que los demás, buscando la participación en la integración democrática de lo diferente, como define Sabater: “…una manera de estar junto a otros para convivir y emprender tareas comunes, pese a las diferencias de lo que cada uno es o pretende ser”.

 

No queremos privilegios, sino el respeto de unos valores humanos que de diferentes formas expresan las diversas culturas, sin engaños ni leyes injustas e interesadas por muy democráticamente que hayan sido votadas.

 

Para una persona coherente lo obligatorio y lo prohibido es voluntario, es decir, fruto de la voluntad de convivir en paz y armonía, de hacer el bien, de lograr lo mejor para nosotros y los que nos rodean, lo mejor para todos. Si vemos un disco rojo con fondo blanco en un carril de circulación de vehículos, ¿que es lo mejor?, ¿qué es lo mas coherente?: no ir por ahí, nos podemos encontrar con un vehiculo de frente y el accidente es seguro.

 

Cumplir las normas y leyes justas de convivencia con los demás es de personas responsables. Seguir los consejos de quien es más sabio, seguir las instrucciones de la autoridad competente, desobedecer a quien injusta y aleatoriamente quiere imponer sus normas, a quien con engaño te obliga...; este es el comportamiento de personas equilibradas, responsables, que buscan el bien común, el de todos, no solo el suyo o el de unos pocos privilegiados.

 

La democracia no es la panacea, solo es para quienes ejercen el poder dirigiéndola hacia postulados totalitarios. Para estos ‘demócratas’, los cristianos somos “integristas culturales que aspiramos a imponer nuestros prejuicios irreversibles”.

 

Ellos solo se pertenecen a si mismos, a sus dineros, a sus placeres y caprichos. Pero nada de eso les es propio, y han renunciado a formar parte de un mundo que les necesita, donde tienen sitio porque todos, desde mucho antes de ser concebidos, estamos en la mente del Creador.

 

Si uno es el patrón de su propia nave, tiene que estar muy seguro de a que puerto arribar, de como mantener el rumbo y como sortear los temporales… No es mi caso, las dudas me asaltan en cada momento, busco apoyos y... he encontrado el mejor aliado.

 

Está claro, uno no es buen guía de si mismo, necesita vinculaciones, necesita conocer sus pertenencias: qué le pertenece y a quien pertenece. No puede evadirse: ‘yo me pertenezco a mi mismo, y me pertenece lo que me interesa, voy a por ello, lo compro’..., eso no es serio, es no ver una realidad que en poco tiempo será diáfana para todos.