256- ¿OBEDECER? ¿A QUIEN?

 

Nuestros miembros se estremecen, la mente se revela contra esta fatídica palabra que... creemos muy alejada de nuestros ‘tiempos de libertad’. Pero, por desgracia, más que nunca, los tiempos modernos tienen sometidas nuestras voluntades: La obediencia ciega a los dictados del mundo globalizado que todo lo abarca, un mundo dominado por ambiciosos poderes, invasores de nuestra propia intimidad, succionadores de nuestro derecho a decidir libremente… Estos, son los que mandan…, a quienes obedecemos… mal que nos pese.

 

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define el termino ‘obedecer’ como ‘cumplir la voluntad de quien manda’. Está claro, porque este sometimiento nos pone difícil "obedecer a buen amo"… que es lo deseable, no una obediencia impuesta, sino voluntaria, pues de sabios es seguir a alguien mas sabio que nosotros…

 

Mi libertad se expande con la obediencia al Creador y se restringe con el sometimiento a las criaturas. Yo, puesto a elegir, prefiero la obediencia a la voz interior de mi conciencia, porque se de donde viene: de Dios.

 

Dios, como buen Padre nos indica el camino yendo por delante de nosotros y siendo el primero en obedecer, Jesús así nos lo enseñó con su ejemplo de obediencia al plan de salvación de la humanidad que el Padre había establecido.

 

El tirano nunca obedece, se cree con todos los derechos para someterlo todo a su voluntad…, pero está prestando una servil obediencia a sus instintos mas irracionales, a sus caprichos y deseos mas siniestros, a un subconsciente que le domina, a los poderes del mal que se mezclan en este mundo con la bondad del corazón humano.

 

La vida que disfrutamos, la tierra que pisamos, el aire que respiramos, los alimentos que la naturaleza nos brinda..., el amor de personas queridas..., todo eso forma parte de nuestra herencia terrenal recibida de nuestro Padre Dios. Podemos corresponder a esa generosidad sin límites o, como decidió el ‘hijo pródigo’, disfrutar la herencia por nuestra cuenta.

 

La historia del mundo nos da testimonio de ello. Tal llegó a ser la corrupción de un mundo sin rumbo que en un lejano momento arrancó la ‘ira de Dios’: "...voy a exterminar de sobre la haz de la tierra al hombre que he creado, porque me pesa haberlos hecho..." -Gen, 6,7-, solo se salvaron Noe y su familia.

 

Pero volvimos a las andadas y... ¿que nos pasa hoy día? No somos conscientes del daño que hacemos a la naturaleza y a su Hacedor con nuestras transgresiones. No tenemos conciencia de pecado, de que no es lo mismo hacer el bien que hacer el mal, lo relativizamos todo a una 'indiferencia cobarde'.

 

En el primer caso nuestra alma mantiene su belleza original, pero en el segundo se mancha, se corrompe, se diluye, muere... porque es incompatible con la pureza y la bondad divina.

 

¿Podemos volver a autodestruirnos sin posibilidades de retorno? No, Jesús nos trajo el perdón, siempre podemos volver a empezar, como después de una larga experiencia decidió el ‘hijo pródigo’…, limpiar el alma, recuperar su belleza. El mundo necesita personas de bien, que no se justifiquen, que sepan pedir perdón y reparar el mal que hayan hecho, para recomenzar con paso firme y mirada alegre, aunque nuestro primer impulso para cambiar sea una exclamación casi instintiva: 'en casa de mi Padre hay comida...'.

 

El mundo se salva con personas maduras e inconformistas, luchadoras, que respondan a Dios… Porque si no correspondemos, quedamos al margen, Dios busca a otros, inútiles como nosotros pero dispuestos a renunciar a seducciones mundanas que a ninguna parte llevan, a secundar sus planes, a obedecer…

 

Sin escurrirse, sin contraponer argumentos a la realidad del mundo que Dios nos ha dado… “Yo no sabia que sabia tanto", se sorprende el charlatán que todo lo sabe pero nada le importa, porque… se inventa las cosas, no le interesa la verdad, está sumido en el relativismo y… esa es su vida… su falsa vida.

 

Señor ¡que quieres que haga!... Rezar, en la oración se descubre lo que Dios quiere, nos lo susurra al alma, vibramos con su amorosa delicadeza, notamos el aroma de ‘Jesús hombre’… Necesitamos para ello una conciencia fina, atenta, formada en la contemplación del paso de Jesús junto a nosotros, como nos trasmiten los evangelios, la Iglesia…, la vida cristiana no es una teoría, no son cuestiones problemáticas, consiste en imitar el ‘ejemplo de humanidad’ de Jesús.