257- LAS CERTEZAS DEL CREYENTE

 

Madre Teresa, en un precioso diálogo, expresa lo que ella sabe con certeza porque ha sido fiel testigo:

 

“Sé que Dios me ama. Yo sé que lo que Dios decida es sólo lo que es mejor para mí. No ‘yo creo’, sino ‘yo sé’. Esto es algo mucho más fuerte que ‘yo creo’. Creo que Dios me ha creado, que Él me ha redimido. Si tú sabes, tú estás en lo cierto… No es suficiente si dices ‘yo creo’. Yo sé lo que Jesús enseñó. Yo sé que Dios me ha creado para cosas mejores. Tú eres más importante que ese pájaro, que ese animal, que esa flor. Yo sé [que cuando] doy de comer al hambriento, le doy de comer a Él. La fe me dice que lo que Dios ha dicho es cierto y la verdad está en la fidelidad. "A mí me lo hicisteis". "Pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad a la puerta...” Yo lo sé, Jesús lo dijo de esta manera y tiene que ser así.”

 

No cabe duda, ella vivió la fe de tal forma que experimentó en su propia carne la certeza de la realidad divina. Vio con sus propios ojos aquello que creía con la fe, fue fiel hasta el final y Dios la premió con un trocito de cielo en la tierra.

 

La fe se define como ‘creer lo que no se ve’. Dios da la fe a quien quiere, es un medio de conocimiento indescriptible, como si cambiaran de plano las cosas y apareciera el relieve. La acción de Dios en este mundo se ve primero con los ojos del alma y luego con los ojos de la carne, y en esos casos la fe desaparece porque ya no se cree lo que no se ve, tienes la certeza de lo que estás viendo.

 

Yo nunca he estado en América, creo que existe América, se que existe, lo se con los ojos del alma, también lo se con los ojos de la carne, a través de sucedáneos –fotografías, videos, documentos…-; pero hasta que Dios no me conceda la dicha de saltar el charco no podré decir objetivamente que existe América, que lo he visto, lo he palpado, escuchado, olido…

 

Aun así, nuestros medios de percepción son muy limitados y manipulables, por lo que limitado es el conocimiento que tenemos de nuestro mundo, aunque lo palpemos, lo veamos y escuchemos..., aunque haya ‘saltado el charco’.

 

Cuentan de Beethoven que, casi sordo, quiso hacer ver a una ciega, quiso cumplir su gran deseo: contemplar la luz de la luna... Compuso la sonata "Claro de luna": Un paisaje nocturno iluminado por la luna se enfundó el vestido de las notas musicales. Bonita alegoría transportable a lo que Dios nos quiso mostrar de sí mismo enfundándose en el cuerpo humano, Jesucristo, para que podamos sentirle, tocarle, escucharle..., no vemos la gloria divina, aun no, pero Jesús nos trajo su melodía.

 

 Ver imagen en tamaño completo

 

Sé que Dios está en lo bello y noble y que no está en la mentira y el engaño. Esta certeza es total y gracias a Dios hay mucha belleza en este mundo; pero nos dejamos embaucar por el mal y hemos introducido el engaño y la perversión, ensuciando la belleza original. Aun así, lo bello y noble abunda mucho más que lo falso, aunque meta mucho ruido. En lo bello y noble está la verdad, y no necesita hacer ruido para convencer.

 

Nunca tendremos la certeza de que algo es verdadero si no interviene el Espíritu de Dios con sus dones, que abren los ojos del alma, y nos hace penetrar en el sentido mismo de las cosas, en su ser, en sus alegrías, angustias, placeres y sufrimientos, y contemplamos el Plan Divino sobre ese ser, porque… dejamos hacer a Dios en nosotros y seguimos sus pasos… vamos entendiendo…

 

…momentos donde ves con claridad ese ‘hacer de Dios’, porque aun siendo inexplicables, todo parece concordar, se percibe la intimidad divina con el ser humano…

 

Ves a Dios en una persona que se transforma ante la muerte cercana, muerte anunciada. De pronto descubre que vuelve al regazo de su Creador, se enternece y lo transmite con fuerza a los que tiene al lado, de tal forma que no dejas de pensar que Dios está ahí, ha venido a buscarla y la reconforta en estos siempre difíciles momentos de tránsito.

 

Ves a Dios en una persona que nada tiene, pero es feliz y te mira con cariño.

 

Ves a Dios en la inocencia de un niño, nacido o no, sabes que está ahí.

 

Ves a Dios en las tragedias humanas, misterios sin respuesta “¿y Dios, dónde estaba? Sin duda que no estaba jugando al golf, haciendo turismo estirado o distrayéndose podando bonsáis. Dios estaba en las víctimas, muriendo con ellas una vez más. Pero también en la gente que está entregando su tiempo, su dinero, sus talentos y saberes para ayudar a sus hermanos: ahí están las manos de Dios repartiendo ternura, ahí sus labios diciendo palabras consoladoras, ahí sus silencios cuando es callando como se dicen las mejores cosas, ahí su corazón cuando sabe palpitar con el latido de la gente que tiene entraña” -Haití: Dios llora en la tierra, monseñor Jesús Sanz Montes, ofm-. Quizás esta sea la respuesta, la cercanía a Dios en el sufrimiento, porque sabes que está ahí.

 

No es que "creas que está ahí", es que "sabes que está ahí", porque el alma tiene una sabiduría muy superior al cuerpo, no nos engaña, su certeza es absoluta, desvela los misterios subiendo el telón, encendiendo la luz.

 

 

Pensar que Jesús no está en el sagrario

 porque mis ojos carnales no le ven

  es como ignorarte a ti

 

   que estás a mi lado

    sentado junto a mi silla

     comiendo en mi mesa...

 

simplemente

 porque miro para otro lado

  porque mis pensamientos no se detienen en ti...

 

   ¡qué desazón!

    ¡qué injusta falta de correspondencia!

     ¡qué corazón de piedra el mío!

 

 

De este estadio de conocimiento se excluyen los ateos y agnósticos, pues unos niegan la existencia de Dios y otros niegan al entendimiento humano la capacidad de llegar a comprender lo absoluto y sobrenatural, aunque no nieguen a Dios. También se excluyen los escépticos que dicen “si existe algo después de esta vida me enteraré cuando llegue el momento”.

 

Los indiferentes, que creen que Dios existe pero… no dan más pasos, difícilmente llegarán al conocimiento de Dios. Piden señales para creer…, señales que abundan pero no quieren ver. No tienen dispuestos ni el corazón ni la mente a que algo cambie radicalmente su vida, no lo aceptarían, y eso les cierra la puerta de un mundo sustento del que vemos y palpamos, al que se cierran. ¿Cómo van a tener ninguna certeza si niegan la duda?

 

Otros se conforman con una fe de mínimos, no profundizan suficiente para descubrir el misterio del Amor de Dios por el género humano, penden de la justicia y misericordia divina.

 

El que cree, busca, se empapa en las fuentes de la Iglesia, no se conforma, abre el corazón a Dios…, a ese, nada se le resiste, ni Dios mismo; ese encuentra la verdad y llega a la sabiduría y el conocimiento. Es fiel a la fe que ilumina su alma… y Dios le concederá la certeza de lo inefable, el don de la verdad.