258- PEDRO Y JUDAS

 

Pedro y Judas, dos personajes que pusieron a prueba la infinita paciencia de Jesús. Los dos pecaron, los dos se arrepintieron, pero el desenlace final es opuesto en uno y en otro.

 

Pedro va de chulo, y la última es la más clamorosa, se cree superior “...aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”. Esa misma noche, unos inocentes comentarios le hacen caer de su altivez, se hunde, rompe a llorar amargamente…

 

El otro personaje, Judas, es usurero, quiere hacer un pequeño negocio, 30 monedas son tentadoras si entrega a Jesús al poder religioso, al fin y al cabo siempre les ha vencido, nunca han podido hacerle nada, acabarán soltándole. Pero sus planes se tuercen, el poder religioso entrega a Jesús al poder civil que sí puede condenar a muerte. Judas se da cuenta de su grave pecado, se arrepiente, lo confiesa, restituye las monedas pero no puede con la culpa, se viene abajo, el remordimiento le acosa y puesto que no logra castigo a pesar de su arrepentimiento “…a nosotros ¿qué?, allá tu…”, le dicen los sacerdotes, se autocastiga y se ahorca.

 

Entretanto ¿dónde fue Pedro? Se fue llorando donde estaban los demás discípulos contando lo ocurrido. “No le importó su orgullo, no le dominó la culpabilidad, solo le dolía Jesús. Se abrió a los demás desde su debilidad, se encontró con su verdad, consigo mismo y con el respeto y cariño de los demás. Encontró el perdón compartiendo la humillación”. –Adolfo Chércoles, s.j.-