260- UN MATIZ INTEGRADOR CON EL ISLAM

 

¿Seguir las huellas de nuestros antepasados?

 

Mejor, buscar lo que ellos buscaban:

 

Paz para adorar a Dios en fraternidad con el resto de la humanidad, paz para convertir al infiel con nuestra entrega y cariño, sabiduría para encontrar a Dios en el mundo que nos rodea y en la intimidad de nuestro corazón...

 

Pero buscando la paz también encontraron guerra, odio, injusticia, traición, incomprensión. Buscando la sabiduría también enconaron ignorancia. Buscando a Dios, muchos encontraron y adoraron a las criaturas en el materialismo y hedonismo mas degradante, se adoraron a si mismos y sus corrupciones.

 

Por eso, insisto, busquemos caminos nuevos para la paz y la sabiduría de Dios y cumpliremos los deseos de nuestros mayores.

 

“Tenemos diferencias que hemos de aceptar con humildad y respeto; hay en esto un misterio sobre el que Dios nos iluminará un día, estoy seguro; Dios no puede nunca ser utilizado para nuestros propios fines, pues está por encima de todo.” -Juan Pablo II al rey Hasan II-
 

Ese misterio comienza por la mujer.

 

La mayor obra de arte jamás superada: una mujer elegante con su estilo propio en el vestir, en el estar, sin otras connotaciones que limiten su ser..., ¿chador o minifalda?, ni uno ni otro..., con su propia e íntegra personalidad en las modas, en nuestra vida social, en nuestra vida esponsal.

 

No podemos los hombres apoderarnos de la justicia cuando tenemos por compañera la obra más perfecta salida de las manos del Creador que nos dice:

 

Mírame con ojos limpios.

Quiéreme con corazón de amante

Valórame con inteligencia de hombre.

 

¿Que hacer? Amarnos unos a otros con corazón puro de hermanos hijos de un mismo Dios, amar como hombres a nuestra esposa apasionadamente, con todas nuestras potencias y dones recibidos. Ella nos corresponde con creces, seguro.

 

Y por encima de eso, el misterio de perfección; una mujer admirada tanto en oriente como en occidente nos da la respuesta:

 

“… la mujer, al mirar a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y para llevar a cabo su verdadera promoción. A la luz de María, la Iglesia lee en el rostro de la mujer los reflejos de una belleza, que es espejo de los más altos sentimientos de que es capaz el corazón humano: la oblación total del amor, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores, la fidelidad sin límites, la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar la intuición penetrante con la palabra de apoyo y estímulo.” (Redemptoris Mater, 46).

 

María ejerce una fascinación especial en los musulmanes: Es el modelo de todos los creyentes por su fe absoluta y por su perfecta sumisión a la voluntad de Dios.

 

Según el Corán, “un ángel, por orden de Dios, anuncia a María que dará a luz un hijo purísimo, mensaje ante el cual ella se turba. Da a luz bajo una palmera que la nutre milagrosamente. Es virgen y pura. Custodia su virginidad y Dios le infunde su espíritu, haciendo de ella y de su hijo un signo para las criaturas”.

 

¿Quien es Maria? Una persona como nosotros, elegida por Dios desde toda la eternidad para que, fecundada por su Espíritu, concibiera un Hijo suyo, Hijo de Dios, el mismo Dios Encarnado, venido a nuestro mundo visible, para abrirnos las ventanas de la luz y disipar las tinieblas de nuestra ignorancia, y... quedarse con nosotros para siempre..., de una forma que ¡solo Él puede hacer!, en el Pan de Vida que nos fue anunciado.

 

Ha desvelado los misterios de la Antigua Alianza y perfeccionado lo revelado a nuestros Padres en la fe, y... ¡vive entre nosotros!, ¡en cada uno de nuestros corazones!

 

Maria fue fiel a Dios y propició que viniera a habitar con nosotros. Perfecta criatura para ser Madre de Dios, para ser nuestro modelo y protectora.

 

España, ‘tierra de María’, no deja de ser un ‘punto de encuentro’ de estas dos formas de comprender por qué Dios la creó tan excelsa, por qué la perfección del amor mas humano está en la mujer, esa sensibilidad que los hombres muchas veces no comprendemos.