263- RAZONES PARA AYUDARNOS UNOS A OTROS

 

 

Thomas Merton –monje trapense-  había experimentado "que el pecado, el mal y la violencia que veía en el mundo, eran el mismo pecado, el mismo mal y la misma violencia que había descubierto en su propio corazón…”

 

El mundo es reflejo de nuestra propia vida: si no estoy en armonía conmigo, no puedo sembrar paz a mí alrededor. Si no me encuentro a mí mismo, no puedo realizar un verdadero encuentro con ninguna otra persona, no podré transmitirles convicciones, no les comprenderé ni comprenderé sus actitudes.

 

... Porque hay una razón oculta por la que cada uno piensa y procede como lo hace. Así, en vez de juzgar, acertaremos si nos esforzamos en comprender; y solo cuando hay comprensión surge la verdadera amistad.

 

Al comprender a una persona, estamos valorando expresiones de sus conflictos internos, como si le estuviésemos diciendo: ¡No, tú no eres así, sé quién eres, te conozco y en realidad eres mucho mejor!

 

Podremos ir al fondo de la persona, no nos conformaremos con saber como se llama, donde vive…, y cuando la descubrimos de verdad se nos queda como ‘esculpida en el corazón’: su carácter, su temperamento, sus gustos, sus problemas; no nos quedaremos en lo que dice, mas bien en lo que ‘quiere decir’,  no oiremos solamente palabras, oiremos mensajes…

 

Los corazones fríos supuran vaciedad, apariencia, son de trato ‘vaporoso’...: ¡amo a la humanidad!... y se olvidan del que tienen al lado, hieren más con su frialdad que con un enfado acalorado.

 

Cuando comprendes a otros, ayudas gustosa y desinteresadamente, ves lo bueno en cada uno, porque todos tendemos a comportarnos según las expectativas de los demás. En este sentido, aconseja la sabiduría popular: "Si quieres que los otros sean buenos, trátales como si ya lo fuesen".

 

Todos estamos necesitados y tenemos que reconocer nuestra incapacidad para resolver aquello que ignoramos, o simplemente reconocer nuestra inutilidad, porque muchas veces estropeamos mas que arreglamos, somos unos ‘manazas’. Que desazón encontrarse perdido en medio de una ciudad desconocida. Se nos abre el mundo cuando una persona nos ofrece su ayuda.

 

Nos necesitamos unos a otros para todo. Haremos un mundo mas humano si reconocemos este hecho incuestionable.

 

Con los años hemos perdido el miedo, hemos aprendiendo a reír y también a llorar. Hemos experimentado que pedir perdón no es de cobardes, ser compasivo y misericordioso tampoco; mas bien, es de valientes que sacan de su corazón lo que Dios ha sembrado en ellos, sin temor, con una sonrisa de ánimo, de entrega a los demás. Saben que en ese momento todos poseen algún don muy preciado para otros y lo hacen rendir para Dios, su benefactor.

 

Pero ser de espíritu abierto a las necesidades de otros no está de moda, preferimos nuestras islas porque pensamos que el mundo está demasiado unido, que no hay mar de por medio entre tú y yo, que te tengo que... soportar... ¡Es para llorar!

 

Están mediatizados, sorbidos por un ambiente materialista en el que Dios no tienes cabida...

 

 

Por eso no te encuentran, Jesús

y si te encontraran, ten seguro,

alguno te seguiría, pues...

es difícil no hacer aprecio a quien todo lo da por amor.

 

No te dirían ¡que pintas tú aquí! ¡Fuera!,

no, simplemente se les haría extraño verte,

porque no eres de los suyos –piensan-.

 

... Te observarían,

te mirarían con curiosidad

y alguno descubriría esa irresistible atracción que tienes

cuando el corazón se dilata y se deja penetrar por ti.

 

No todo esta perdido,

algo late en nosotros y anhela verdad, eternidad,

cansado de vacío y vulgaridad, cansado...

de la muerte sin esperanza, de la vida inútil y estéril.

 

 

Y sonreímos, porque también hemos aprendido a sonreír, y sabemos que muchos hermanos nuestros nos entregan el alma, se nos donan ellos mismos cuando les necesitamos, nos hacen felices, nos hacen mirar la vida de otra manera, nos hacen sentir que el mundo está mas cerca de Dios, se va pareciendo mas al deseado por el Creador.

 

Ciertamente, hay muchas razones para ayudarnos unos a otros, sin discriminación de ningún tipo, y la más importante es que Dios así lo espera de esta humanidad que... le hemos defraudado demasiadas veces...