265- SEREMOS NUESTROS PROPIOS JUECES

 

"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios." (Juan 3, 16-21)

 

Nuestras obras son pruebas suficientes, y nos juzgan por si solas. Seremos nuestros propios jueces y acusadores cuando la verdad se presente nítida ante nuestros ojos. No podremos más que exclamar: se nos ha dicho y no hemos hecho caso, se veía con toda claridad y no lo hemos creído. No queríamos salir de nuestras necedades... Por suerte Jesús será nuestro abogado defensor.

 

"El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas." (Juan 3, 16-21)

 

Con la luz vino la verdad de esta vida, pero preferimos nuestra verdad:

 

- Es mas cómoda, me gusta, es placentera, algún palo que otro, pero es llevadera. Sin embargo puede degenerar a peor, puede convertirse en un infierno lo que antes era placentero y en ese caso pediré sopitas... pero... ¿a quien? Buscaré otra verdad, porque en realidad esta ya no me sirve. He tomado una opción y... me ha fallado.

 

Dios siempre perdona a los que reconocen sus errores y con sinceridad acuden a Él. No es fácil, pero es nuestra única esperanza de corregir en esta vida, porque..., no cabe opción de corregir en la venidera, pues como se vive se muere y ¡como se muere uno se queda! Si nuestra realidad está dominada por lo mundano, a espaldas del espíritu que sopla de Dios, no aceptaríamos otra realidad que nos deslumbra y pone en evidencia nuestras vergüenzas, de las que estamos orgullosos, porque seguiremos estando orgullosos allí... como se muere se queda uno para siempre...

 

"Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios". (Juan 3, 16-21).

 

Necesitamos en esta vida un toque del espíritu -como necesitó san Pablo-, pues el espíritu de bondad lleva a Dios, imparable, como imparables son las aguas de los ríos atraídas por el mar. Necesitamos dar un golpe de timón a nuestro rumbo, pero quizás los momentos hayan pasado y no nos hemos enterado, o no hemos hecho caso... Estamos a tiempo, Jesús es paciente, como lo fue con Judas Iscariote hasta el final, como lo fue con Gestas, hasta el final en la misma cruz.