267- ¿ES LA ORACIÓN UNA PÉRDIDA DE TIEMPO?

 

 

La oración para un cristiano, para un creyente, es un deseo irresistible de hablar con quien sabemos que está ahí, a nuestro lado. Aunque no le veamos con los ojos de la carne, le vemos con los del corazón y la fe, y para ello le pedimos más luz, más fe y un corazón que capte sus vibraciones..., Él lo concede porque conoce nuestras debilidades, nuestras carencias y los rincones de nuestro ser.

 

Muchas toneladas de basura se vierten todos los días sobre Dios: un dictador, un perdedor, un ser maquiavélico, un consuelo de tontos, una invención, una mentira..., mejor estaríamos haciendo algo útil que hablando con... las paredes, porque ¿acaso nos responde alguien?, solo escuchamos el rebote de nuestra propia voz, nuestras propias paranoias...

 

También se vapulea sin descanso a la su Iglesia, pues la constituimos personas con todas nuestras debilidades, pero con una diferencia que Jesús nos ha enseñado y el Espíritu de Dios nos ayuda: nos esforzamos en vivir la santidad, en morir al mal..., caemos pero nos levantamos en cuanto podemos, luchamos denodadamente imitando al Maestro, luchador infatigable por la verdad, purificando nuestros corazones, extendiendo la virtud, la fraternidad y...

 

... paradójicamente, somos escarnecidos en nuestros tropiezos por quienes viven en la hipocresía, pues nada les importa más que los bienes y placeres terrenales, y nosotros... simplemente les estorbamos.

 

Pero la verdad siempre flota, nunca se hunde en los abismos del mal, es comprendida por la gente de corazón limpio, aun en medio de la asfixiante dictadura relativista que parece ahogarla.

 

La incredulidad es la mayor de las cegueras, el mayor egocentrismo, el mayor desprecio al amor de quien nos ha dado todo... Dios también tiene corazón, basta contemplar a Jesús llorando, sufriendo y desviviéndose por los oprimidos e indefensos..., por eso, necesita cariño, dedicarle un poco de nuestro tiempo, contar con Él en nuestras cosas..., suficientes muestras nos ha dado y nos da de su amor.

 

La oración cambia nuestra vida, la ponemos en manos de Dios, hace que nuestro caminar sea limpio y transparente,  aunque nuestro pasado haya sido muy turbio, los lodos se van al fondo olvidados por Dios y por nosotros, el agua se torna cristalina. Desaparecen los malos tiempos pasados, han sido perdonados, solo perduran nuestras acciones nobles que adquieren un nuevo significado.

 

La oración no es una pérdida de tiempo, es mirar de frente nuestras debilidades para volver a recorrer con Jesús los caminos que por miedo no nos atrevíamos a cruzar, desechar para siempre esos lodos, aligerar peso y seguirle...

 

No quiero seguirme a mi mismo, mis convicciones, mis gustos, mis ideas..., no quiero volver la vista atrás..., se revolverían los fondos contaminados, se enturbiarían de nuevo las aguas, desaparecería la transparencia del alma..., porque este amor que he descubierto ya no se apoya en mí, es el amor que proviene de Jesús, el amor que nace de Dios.

 

La oración no es una pérdida de tiempo, ahí maduramos nuestro camino, intimamos con Jesús, acrisolamos un Amor definitivo, una vida nueva liberada del pecado y restaurada en su belleza originaria: el ‘hombre nuevo’ que muchos deseamos porque lo necesitamos con urgencia.