270- LA MULETA

 

 

Todos, sin excepción, tenemos nuestra pierna floja, débil o con fatiga fácil. Lo cierto es que en el caminar diario por la vida, de pronto y sin querer, nos desviamos hacia la cuneta y... tropezamos, nos tambaleamos..., se hace más difícil, nos desanimamos, la pierna falla, se resiste a continuar y en ese momento necesitamos urgentemente ‘una muleta’, un recurso que nos vuelva a la normalidad.

 

Es uno de mis puntos débiles y ¡que lata da!; se agudiza con los años, aparece cuando llevo un trote brioso, ¡que fastidio! Quizás la carga es muy pesada y... poco a poco va afectando las articulaciones de rodilla y tobillo... ¡clamo por una muleta, un apoyo!

 

Pero..., si es problema de carga ¿no seria mejor aligerarla?

 

Imposible, llevo años con ella y no hay quien me la quite de encima. Estoy convencido que ninguna constitución resiste muchos años con una carga pesada..., y la que llevo, en un momento me aplastará del todo... Me falta valentía para aligerar, de forma eficaz y... ¡urgentemente!

 

El caso es que me quito de encima todas las cargas que puedo, pero no aligero, ¿será que por un lado las echo y por otro tomo nuevas cargas? Si es así ni las muletas ni los apoyos sirven para nada, soy como un ‘tiovivo’ que no para de dar vueltas dejando algo de mi propia salud en cada una.

 

Que la salud vaya a menos, no me importa tanto, es ley de vida, y morir mas o menos sano, al final da lo mismo, siempre que ocurra causando poco trastorno al personal... Pero llevar cargas que no debo me impide llevar otras que sí debo, y esto me preocupa mas que lo otro... Muchas faltas de dedicación y cariño con los que tengo al lado son causados por mis excesos -por llamarlos de alguna manera- hacia otras personas o cosas que ni necesitan ni merecen en muchos casos mis desvelos.

 

Quizás, debería, desviar las posibles nuevas cargas hacia quien puede llevarlas, y... en la mayoría de los casos es el propio interesado, el más capaz, y el que con más brío la transporta a su destino. Allí la descarga y... ¡como nuevo!, sin muletas, sin apoyos..., y la segunda vez no hay que decírselo..., ¡va solo!... ¡caramba!, me deja perplejo, y yo sin enterarme.

 

Siempre he opinado que no hay que hacer lo que puede y ‘debe’ hacer otro.

 

Hablando con seriedad: Nada ni nadie puede imponerme ni crear en mí obligaciones inexcusables, solo mi responsabilidad ante las situaciones me lleva a actuar libremente en cada caso. Esa responsabilidad está influenciada por las vivencias que forman nuestra experiencia, pero no por un pasado que ya es inamovible.

 

El presente es el que es, ilusionarte por la lucha que ha supuesto llegar aquí y por el futuro siempre prometedor. Cada cual sigue su camino sin comprometer a otros en ello y ayudando voluntariamente en todo lo que se pueda. No compensa hablar de lo que se ha hecho y lo que se ha dejado de hacer, solo para lamentarse o para justificarse, las cosas se justifican por si solas.

 

Dicho esto, creo que sobran muletas y muletillas si hay decisión de asumir lo propio por el bien de cada uno. De esta manera podremos hablar siempre en plural sin despreciar a nadie, todo lo contrario, mas unidos en el aprecio y la consideración de cada uno.

 

¡Que alivio!, me siento... muy ligero, como un ave que puede volar alto, muy alto, porque de otra manera, no despego..., siempre encadenado al suelo.