271- EL ÚNICO OBJETIVO DE MI VIDA

 

 

La única finalidad de mi vida aquí es poder llegar a vivir para siempre con Jesús, y conocer al Padre de la mano del Hijo, para tener la dicha de vivir el Amor eterno de Dios, el que Jesús anhelaba poco antes de su pasión: "...he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese."  (Jn 17, 4-5)

 

Terminar mis días aquí habiendo sido su testigo, testigo frágil, comodón y constantemente tentado por el mundo, pero luchador, con victorias y derrotas, y siempre adelante hasta llegar a decir como Pablo: "...a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio..." porque Dios nos eligió para seguir sus pasos y no podemos defraudarle, es de justicia dar la vida en agradecimiento a esta predilección. (Hech 20, 24)

 

Jesús continua rogando al Padre "... por éstos que tú me diste, y son tuyos. Si, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti" (Jn 17, 9-11). Estar en el mundo siendo fiel reflejo de Cristo que vive en mi, imagen suya para los demás con mi forma de vivir siguiendo sus caminos, pisando sobre sus huellas. De otra forma, mi vida no tendría sentido.

 

"Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros" (Jn 17, 11), continua orando Jesús por los creyentes, "... yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo". (Jn 17, 14)

 

Este mundo materialista no es nuestro mundo, pero estamos inmersos en el, tenemos que ser sal y luz, ser el mismo Jesús, recibirlo en nuestra alma en el sacramento de la Eucaristía llevándolo con nosotros por los lugares donde transcurre nuestra jornada. Él, bien conoce a cada uno y a cada una, nuestro afecto y comprensión a los demás hacen un bien inmenso, a la medida de Dios..., que nunca en esta vida llegaremos a saber.

 

"Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros...". (Jn 17, 20-21)

 

La unidad entre los creyentes se asemeja a la unidad trinitaria, entre Jesús y el Padre, entre Jesús y el Espíritu que nos envía; y esta unidad es fruto de un amor con la fuerza del amor de Jesús, un amor nuevo, infinito, sin distinciones de ningún tipo entre los humanos. Un amor fraternal que conforma “el Pueblo de Dios, la Iglesia Santa".

 

Aproximarme a esta maravilla aquí en la tierra, colaborar a un mundo mejor, al menos con los que tengo a mi lado, imitando a Jesús, aunque esté a años luz de su humanidad..., ese es mi único objetivo en esta vida, porque, sinceramente, viendo los derroteros que lleva la sociedad, no cabe otro.