272- GRITOS DE BORRACHERA E HIPOCRESÍA

 

 

En el libro de los Hechos de los apóstoles (Hec 7, 54-57), se lee la convincente defensa de Esteban ante el tribunal judío y ante el pueblo. Llegado un momento, "Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos" porque Esteban decía la verdad que no querían oír, demasiado claro para ser verdad, para admitirla y reconocerla, para asumir la propia culpa de haber dado muerte al Justo.

 

Era una masa enfervorizada, manejada, con consignas claras, sabiendo sus dirigentes que cuanto mas simple es el mensaje, a más gente llega. Aquí no hizo falta ni siquiera ese corto mensaje, "como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo" (Hec 7, 57-58)

 

2.000 años después, nada ha cambiado, nos seguimos tapando los oídos a aquello que no nos gusta, sea verdadero o falso, no importa, solo importa nuestro relativismo, acomodado a intereses a veces inconfesables.

 

Esta actitud de muchos se llama simplemente ‘hipocresía’.

 

Nos impulsa un afán por conocer, vivir, experimentar las cosas que nos rodean, nuestro mundo, cuando en realidad deberíamos añadir algo fundamental: la verdad que encierran estas cosas. Conocer la verdad de nuestro mundo, vivir y experimentar esa verdad.

 

Leemos en la prensa ‘gritos estentóreos’ por abusos condenables y condenados de clérigos católicos a los que la tentación de la carne les ha arrastrado, haciendo un daño a veces irreparable a niños y jóvenes. Pasamos las páginas del periódico y contemplamos anuncios que venden la dignidad de muchas personas, jóvenes, hasta niños, engañadas, explotadas y esclavizadas por redes y mafias sin escrúpulos. Esto es hipocresía

 

En el primer caso pretendemos evitar un mal minoritario de personas enfermas, no solo sacerdotes, pues se extiende a educadores, padres de familia, autoridades, todo tipo de gentes... En el segundo caso se ‘promociona’ lo mismo como negocio lucrativo y se extiende como un derecho de los lujuriosos. ‘Gritos estentóreos de desaprobación’ para lo primero y ‘gritos estentóreos de borrachera sexual’ para los segundos...

 

¿Donde está la verdad?

 

La hipocresía campa por doquier, unida a una indiferencia egoísta y relativista –se piensa según el provecho propio- y a la mentira sistemática de nuestros dirigentes.

 

Porque nos molesta que alteren nuestra llevadera existencia, y no sacamos provecho de las experiencias vitales que vamos adquiriendo cuando buscamos su sentido, su verdad. Esta experiencia así vivida, tiene más fuerza y convicción que el mundo desnortado que nos presentan las masas dominantes y dominadas, como veletas que giran según intereses personales.

 

Cuando descubrimos el sentido del dolor nos capacitamos para perdonar.

 

Cuando descubrimos el corazón humano nos capacitamos para no juzgar intenciones...

 

Así llegaremos a perdonar siempre, a comprender al débil, descubriremos en toda su crudeza la injusticia humana... Entenderemos por qué nos dirigimos a Dios como ‘Padre nuestro...’ y no como ‘Padre mío...’