273- ¿SOY UN HOMBRE RARO?

 

 

¡Aquellos años sesenta! ¡Quien pudiera revivirlos!... "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar", cantaba Serrat estos versos de Antonio Machado, ¡pura nostalgia!  Partiendo de una niñez de fantasía vital, mi perspectiva era hacia atrás, avanzaba sin darme cuenta hacia la adolescencia ‘trascendente’ y... comenzaba a interesarme el futuro. No cabe duda, iba abriendo mi camino.

 

Pero..., ¿era el camino que Jesús nos enseñó?... "Yo soy el camino". Había descubierto que Jesús vino a este mundo para enseñarnos el camino; yo iba ‘haciendo camino’ según me venía la vida, pero Él me mostró y me sigue mostrando la dirección hacia delante, el destino final de todo caminante, la forma de caminar cara a Dios y cara a nuestros hermanos, compañeros de viaje. No era un camino fácil, solo tenía que andarlo.

 

He recorrido gran parte de ese camino y... me hubiera perdido muchas veces, de no ser por el 'manual del caminante' que Jesús nos transmitió con su andar por las tierras de Judea. Un camino humano y divino en plena libertad para amar como Él, en esta vida y en una eternidad prometida, real para los que nos han precedido.

 

Además, Jesús camina con nosotros, en nosotros, transmite sus dones a los demás a través nuestro, somos sus instrumentos para extender la paz  y el bien por el mundo. Si actuamos ‘desde Él’ y no ‘desde nosotros’, realizamos este misterio palpable como la vida misma: ayudamos al vecino, al compañero de trabajo, al hijo que necesita de sus padres..., transmitiendo la paz y entrega total de Jesús.

 

Desde el nerviosismo y la inquietud que nos imprime el mundo, no se transmite nada, desde nosotros tampoco, solo desde Jesús.

 

Contemplando la escena de Marta y Maria, me doy cuenta que Marta se "afanaba en sus quehaceres" desde ella misma, si lo hubiera hecho desde Jesús, hubiera estado atenta a sus palabras, irrepetibles, llenas de vida, porque... al final... con unos ‘sándwich’ era suficiente.

 

Dejar todo para ayudar a un hermano necesitado es más importante que muchos ordenados cumplimientos faltos de humanidad que no agradan a Dios.

 

Pues... la vida es hacer con perfección lo que Dios nos pide, ser su imagen en este mundo, su testigo, con alma sacerdotal somos un puente entre Dios y los hombres..., el camino es ‘impresionante’. Pero si convertimos nuestra única vida en hacer con perfección nuestro camino, nos transformamos en perfeccionistas inaguantables, que no atraeremos a nadie hacia Dios, ni siquiera hacia nosotros.

 

Estoy convencido, no soy un hombre ‘raro’ porque sigo el camino que Jesús nos indicó con su ejemplo, en vez de ‘mi camino’ a veces sin fundamento, otras sin perspectiva suficiente, y casi siempre un cómodo camino que no lleva a ningún sitio. No soy menos libre por ello, al contrario, pretendo volar alto hacia un lugar misterioso, lleno de luz.