274- EL ROMPECABEZAS

 

 

“Mi yugo es suave, mi carga ligera”. El seguimiento de Jesús es llevadero cuando ponemos todo nuestro ser en sus manos, sin reservarnos nada, por amor. En ese momento, nuestra mente se aclara, muchas cosas concuerdan, nuestro espíritu deja de estar tenso, se relaja y alivia como si hubiera encontrado su verdadero lugar, al lado del Padre, Madre, Amada, Creador..., al lado de su Todo.

 

La vida terrenal se alarga hasta el infinito, es renovada en sucesivas etapas cada vez más estimulantes. La seguridad de la certeza crece..., crece.

 

Sin embargo, cuando reservamos parte de nuestra vida para vivirla al margen de Dios, vienen los rompecabezas, las razones sin razón científica, la necesidad de explicar todo incluso lo inexpiable que solo con la fe se comprende. Somos obstinados y queremos cruzar el Atlántico a nado, en vez de usar una buena embarcación.

 

La resurrección de Jesús, fundamento de nuestra fe, dejó huellas visibles y tangibles, póngase por caso la Sábana de Turín: Una radiación instantánea nos ha grafiado rasgos del rostro de Jesús. Él ha querido tener ese detalle con nosotros y... se lo agradecemos de corazón...

 

Pero la fe no necesita pruebas, las reliquias que veneramos y custodiamos trascienden al hecho material de su veracidad. La única verdad importante es que mueven nuestro corazón hacia la grandeza y sencillez de Dios, un Dios que se hizo humano como nosotros, y descendió a lo más hondo de nuestras cloacas para ayudarnos a vencer la muerte.

 

Los apegados a este mundo quieren pruebas, pero aunque sean tan claras como que el sol sale y se pone todos los días, pensarán que son falsas si contrarían sus intereses. Por desgracia para ellos, siendo honesto con la historia y la ciencia, la prueba tangible más importante de la resurrección de Cristo es auténticamente el lienzo que cubrió su cuerpo en la sepultura.

 

Jesús lo ha querido, para nuestro gozo y como un rompecabezas para los incrédulos.

 

 

Web interesante:

 

http://www.linteum.com/