275- EMAUS

 

 

“Dos discípulos se dirigían aquel mismo día a un pueblo llamado Emaus...” (Lc 24, 13-34).

 

“... nosotros teníamos la esperanza de que él fuese el libertador de la nación de Israel, pero ya han pasado tres días desde entonces...”

 

Fracaso, frustración..., crisis total.

 

Pero Jesús resucitado nos quiere dejar una síntesis, muy didáctica, de la Redención del género humano por Él concluida. Y para ello elige este momento, en el camino de Emaus.

 

“... ¿acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado? Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él, comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas...”

 

Profecías cumplidas según Dios había predicho.

 

Termina Jesús la enseñanza celebrando la primera ‘misa’ de la nueva era que se inauguraba en este mundo. Millones de conmemoraciones del Sacrificio que acababa de inmolar celebraría después Jesús, Sacerdote Eterno.

 

Le reconocimos al partir el pan...

 

Entusiasmo, alegría..., gozo sin límite.

 

Emaus nunca existió, existe todos los días, uno de los caminantes se llama Cleofas, el otro eres tú, yo, cada uno de nosotros. Por eso San Lucas nos dejó solo un nombre...1

 

Por eso Jesús nos describe de esta forma tan sencilla que nosotros, cada uno, somos continuadores de su misión, Él mismo la realiza hasta el final de los tiempos morando en cada uno de nosotros, porque ha venido para morir y quedarse en nuestros corazones.

 

 

1 Aunque el nombre de Lucas no aparece en su Evangelio, la monja estigmatizada, en vías de canonización, Anna Katharina Emmerich, cuando describe sus continuas visiones de la vida de Jesús (Capítulo 49 del libro "La Amarga Pasión de N. S.") dice que "vio a Lucas recogiendo unas hierbas en un prado antes de salir con Cleofás hacia Emaús, el día de la Resurrección, cuando se les apareció Jesús por el camino". No es dogma de fe creerlo pero eso explicaría los sentimientos entusiastas de este evangelista cuando afirma: "¿No es verdad que  nuestro corazón ardía, dentro de nosotros, cuando nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?" Estas palabras tienen todo el vigor de ser autobiográficas.

 

José María Macarulla

 

¡Que hermoso, José María! San Lucas quiso hacernos partícipes de ese momento tan importante, quiso involucrarnos para siempre, como a él le había ocurrido. ¿Que hubiera dado por haber tenido una grabadora para transmitirnos esas palabras del Maestro?