282- EL HUMANO PERFECTO

 

 

Jesús se designa a sí mismo "Hijo del hombre", uno de tantos, en todo como nosotros. Además, perfecto hombre, una perfección que Él nos brinda, nos la pone al alcance de nuestras posibilidades, una perfección ‘posible’ para seres tan ‘imperfectos’... Paradójico...

 

“Sed perfectos como nuestro Padre del cielo es perfecto” (Mat. 5, 48).

 

Terrible frase que nos deja sin opciones... ¿Cómo vamos a ser igual que Dios en perfección?... Jesús nos da la clave con su vida y su palabra: el humanismo del cristiano que colabora en la perfección del mundo creado, a pesar de nuestros errores, pero siempre avanzando en ese empeño.

 

Dios es de los nuestros, creó un mundo perfecto en lo esencial y con muchas posibilidades de mejora ‘a nuestra manera’: Siendo inteligentes en el uso y transformación de la naturaleza, no siendo más listos que ella, potenciando la biodiversidad en respeto y sintonía con sus leyes, no la transgresión ni la sobreexplotación artificial...

 

La naturaleza nos habla del Dios artista, pues la obra de arte nos habla del Autor; y el Espíritu de Dios nos habla de Dios mismo por medio de toda persona que “...sienta un gran amor por sus semejantes, los que viven a su lado y que, además, toma como alimento la Palabra de Dios.”1

 

Dejándonos llevar por este Espíritu, interiorizamos lo que Jesus enseñó. Avanzamos en valores humanos no sobreestimándonos respecto a los demás, viviendo en solidaridad, pues todos llevamos dentro muchos valores positivos para otros, colaborando como hermanos en un único destino: el bien espiritual y material de todos.

 

¿Es esto una utopia? Tenemos muchos ejemplos de personas que viviendo por y para los demás, saliendo de sí mismos, dándose en cuerpo y alma, han obtenido muchas mas satisfacciones que viviendo por y para ellas mismas; satisfacciones no solo físicas y mentales, también del espíritu..., y de Dios mismo que contempla activo nuestro devenir y el de la creación completa.

 

Objetivo: ‘recrear nuestra vida con la auténtica creatividad de Dios’.

 

Él nos enseña como un padre enseña a su hijo, como un maestro enseña a su discípulo a salir de nuestros instintos primarios, del ojo por ojo... Porque no se cura la rabia mordiendo a todos, pues terminaremos todos rabiosos y así, vamos directamente al hombre "clon", de pensamiento único, hombre carente de humanismo, muy abundante en estos tiempos, por desgracia.

 

No existimos para eso, estamos aquí para mucho más, y luchamos por ello recreando la realidad, convirtiéndola en ‘nuestra realidad’, diferente a otras aunque aparentemente sean la misma:

 

Si mi ‘yo’ está ausente de la realidad, esa realidad no es mía, no puedo recrearme en ella y no puedo recrearla para avanzar con ella hacia la perfección de Dios. Picar piedra o construir una catedral, es la misma realidad para dos obreros de la construcción, pero el segundo la hace suya, la siente, la recrea.

 

Estando ausente puede ocurrir que solo me entere de las verdades cuando ellas mismas me golpean, y si mi reacción es traumática se desperdiciarían las posibilidades de avance. Esto ocurre con mucha frecuencia porque no sabemos mirar, contemplar, saborear lo que Dios nos brinda..., solo consumimos, utilizamos, usamos las cosas sin entenderlas... No recreamos un mundo real, creamos un mundo imaginario adaptado a nuestras irrealidades.

 

Pero si ante los duros golpes de la vida reaccionamos de manera coherente y mostramos cordura, todo puede cambiar. Iremos adquiriendo madurez, fortaleza y experiencia en el camino hacia la perfección humana, porque la perfección es accesible al hombre, pero hay que conquistarla día a día.

 

 

1 “...el único criterio para saber si el Espíritu me interioriza a Jesús será, estar comprometido en el amor –guardar sus mandamientos- y hacer de la Biblia ‘mi libro’.” Pedro Núñez Goenaga, S.S.S  ¿Fuertes o débiles?