283- CONTEMPLATIVOS

 

 

Parece imposible en una sociedad estresada pretender llevar ‘vida contemplativa’, por eso siempre la hemos entendido como vida apartada de este mundo. Pero es posible, es posible ver la faz de Jesús en las actividades más diversas, basta pensar que él también se integró en una sociedad como la nuestra, aunque, es de suponer, mas relajada.

 

“Contemplativos en medio de este mundo, sin ser mundanos”, decía san Josemaría.

 

Jesús buscaba la soledad para hablar con el Padre –para rezar-, y eso hacemos hoy día buscando la intimidad con Dios. Además, Jesús oraba en todo momento, su vida era un continuo diálogo con el Padre, pues todas las circunstancias, los sucesos, los lugares, las personas..., le eran muy familiares ya que todo había salido de sus manos y seguía con cariño las evoluciones de la libertad humana.

 

Nosotros lo tenemos más complicado, pero es posible ver en cada suceso la mano de la Providencia, aunque no comprendamos muchos de ellos. Es posible maravillarse ante una madre que pasea a su hijo todavía dentro de sus entrañas, ante una buena acción de personas que ayudan a otras a cruzar un semáforo, a subir al autobús..., ante tantos sucesos entrañables y tantos momentos íntimos..., contemplando un atardecer, el vuelo de una gaviota, paseando por..., en medio del agitado mundo que nos ha tocado vivir.

 

Es posible estar en las tareas de nuestra casa, en las de nuestros hijos, en las del trabajo, en nuestra vida social..., activos, con paz y sabiéndonos acompañados por Dios en todo momento..., todo es mas llevadero... ¿que hago Señor en este asunto que se me tuerce?

 

Contemplando su vida sobre la tierra recibimos muchas luces, y, además, su Espíritu nos inspira las pequeñas y valientes ‘genialidades’ necesarias en cada momento.

 

Así hacemos camino, el de un ‘católico de a pie’ que no se conforma con la vida mundana, que busca más, busca a Dios y no prescinde de nada para encontrarlo en todos los momentos: en el trabajo y en el descanso, poniendo sosiego al frenesí humano, no dejándose engañar por las necesidades no necesarias que uno se crea; en la paz, en la contemplación de la belleza tantas veces oculta por la frivolidad, siendo justos, amables, entregados en las causas que... agradan a Dios y a veces los humanos no comprenden...

 

No son objetivos de lucimiento propio, del triunfador que el mundo adora. No nos darán medallas por ello, pasaremos desapercibidos y a veces despreciados porque no andamos por su camino..., andamos ‘el camino’, el que va directo al bien y la justicia de Dios. No nos importan otros, contemplamos el mundo desde otra perspectiva, nos entusiasma y... somos felices en ese empeño.

 

Si escuchamos la voz de Dios en nuestra vida del ‘día a día’, todo es posible.