287- EL SEPULCRO DE LA VIRGEN MARÍA

 

 

 

 

Aquí, en este sepulcro según la tradición, fue depositado el cuerpo de la Virgen María, que murió verdaderamente, pero no por martirio ni por muerte violenta; tampoco de enfermedad o vejez. Los teólogos son unánimes en afirmar que ‘la Virgen murió a causa del ardoroso amor de Dios y del vehemente deseo y contemplación intensísima de las cosas celestiales’. Así sostuvieron San Jerónimo, el abad Guerrico, San Alberto Magno, Dionisio el Cartujano, Santo Tomás de Villanueva, Bossuet, etc.

 

¿Que pasó después?, ¿sufrió la corrupción?

 

Hay que distinguir entre ‘muerte’ y ‘corrupción en el sepulcro’. La muerte es la separación del cuerpo y del alma; en cambio la corrupción del sepulcro es la resolución del cuerpo en polvo. Cristo murió, pero no conoció la corrupción del sepulcro, cumpliéndose lo predicho en el Salmo 15,10: “No permitirás que tu Santo vea la corrupción”.

 

La Virgen María tampoco estuvo sujeta a la corrupción del sepulcro. Esto es tradición unánime de la Iglesia. Santo Tomás de Villanueva dice: “No es justo que sufra corrupción aquel cuerpo que no estuvo sujeto a ninguna concupiscencia”.

 

Al tercer día, los Apóstoles que velaban en torno al sepulcro oyeron una voz muy conocida, que repetía las antiguas palabras del Cenáculo: "La paz sea con vosotros". Era Jesús, que venía a llevarse el cuerpo de su Madre... Esta es la tradición, definida solemnemente por el papa Pío XII en 1950... En el sepulcro sólo quedaron aromas de jazmines y azahares.

 

 

Fuentes: Catholic Net