289- ¿HAY UNA SALIDA PARA ESTO?

 

 

Sí, porque hay una frontera real entre nuestra vida imperfecta y una vida en plenitud, una única frontera, allí donde finaliza nuestro actual caminar. Es una frontera amplia, todo lo amplia que queramos. Solo pasará la persona, no las cosas ni sus efluvios que tanto nos dominan –píllate una Biblia, tío, tiene el mejor papel para liar canutos-..., les veremos disiparse según atravesamos esa frontera. Solo pasará, finalmente, lo que somos, no lo que tenemos que para nada sirve al otro lado.

 

Vamos dejando objetos valiosos para nosotros, muchos, mientras ordenamos nuestra conciencia de ser personas vivas, dándole a la vida el sentido profundo que requiere. Y en esa frontera, nuestro acierto pleno está en no ser rechazado porque nos falte un papel y un único texto en él escrito: ‘he sido coherente conmigo’.

 

Esta es nuestra ‘autorrealización’, no otras que predican los intransigentes, porque la vida es una, única, coherente en todos sus aspectos, concordante, íntegra, no desintegradora ni creadora de esquizofrenias absurdas y deprimentes.

 

Nuestra crisis de autoestima por... politiquillas destructivas de valores, que ciegan nuestro futuro, son crisis del espíritu.

 

Una persona recta y de fiar vive dándole un claro sentido a ese vivir, no vive para la galería, no vive la vida como una búsqueda del ‘chollo’ o del ‘golpe de suerte’, está por encima de eso, no necesita ni lo uno ni lo otro. Vive sabiendo a donde va, y prioriza aquello que más importa. Es incapaz de llevar una vida de dobles raseros, donde según ‘que’, digo ‘cual’ y según ‘quien’, hago ‘tal’. Unas cosas se ocultan, otras no; unas se disimulan, otras se airean.

 

La persona coherente muestra la verdad de su ser, de su pensamiento, porque el alma necesita abrirse y expresar lo que lleva dentro, no lo que en ese momento conviene o lo que en ese momento quiere oír nuestro interlocutor.

 

Es un mundo falso el que se asienta en conveniencias, apariencias, mentiras y ocultamientos. Es un mundo con la raquítica esperanza puesta en llenar el bolsillo propio y con ello el 'buche', en la deseada sociedad del bienestar por la que todos nos sacrificamos para que solo unos pocos la disfruten unos pocos años..., un mundo egoísta donde cada cual mira su propio ombligo... Ese mundo..., rechina la sensibilidad de personas que pretenden ser coherentes con la misma vida y consigo mismos.

 

Pero cuando nos cierran puertas y para entrar por ellas nos imponen condiciones de comportamiento, a veces mezquinas y canallescas, nuestro espíritu se revela. Quizás sean normas de su mundo que en muchos casos atentan contra la libertad humana de ser uno mismo, aunque por ello recibamos bofetadas una tras otra y tengamos que sufrir el subempleo estando mucho mejor preparados que ellos, o... quedarnos tirados en cualquier esquina.

 

No se comprende esa inflexible postura y los intransigentes deberían permitirnos expresar con respeto y buen humor nuestra discrepancia, aunque solo sea con nuestra presencia o simplemente con nuestro vivir sin estereotipos ni corsés que ellos consideran imprescindibles.

 

Nada de lo que hagamos atenta a la moral y a la ética si se es respetuoso con la propia y la ajena, pues hay unas leyes humanas naturales y divinas, que todos sentimos y captamos con nuestro intelecto; nos empeñamos en ponerlas por escrito pero no hay lenguaje que las traduzca, y estas leyes dicen que ‘la vida se vive en libertad’:

 

Libertad para expresar nuestro amor, nuestra fe, nuestra confianza en otras personas, para convivir y relacionarse, para no contaminarnos con mentiras ni ofuscaciones de otros, que juegan sucio porque nos quitan la libertad de creer en los demás.

 

Libertad para vivir la vida, nuestra vida, con los nuestros, en un ambiente incontaminado, libre del marketing –que vende hasta nuestra propia dignidad-,  de los comezones televisivos –que presentan como normal lo que es anormal-, de los poderosos del mundo –que nos dictan por donde tenemos que caminar-, en fin, de tanto desvarío y desvariado que pulula por ‘nuestro aire’, ese, el que utilizamos simplemente para llenar los pulmones y ‘respirar’.

 

Acertaremos plenamente en la diana si al finalizar nuestro paso fronterizo, presentamos cumplimentado el ‘papel de la coherencia’, fruto de una vida inteligente, que logra descubrir la salida para este embrollo en que nos hemos metido.