290- EL MUNDO ESTÁ EN DEUDA CONMIGO

 

 

Lo afirmo y lo confirmo, es un sentimiento que, estoy seguro, será colmado y no porque yo me crea con ningún derecho a nada, mas al contrario, no existía y sin merecimiento alguno el gran Hacedor de cuanto existe ‘me ha regalado la vida’. Me ha dado todo, me ha colmado de todo, inmerecidamente me ha prometido todo..., ¿que voy a esperar?...’todo’, y no menos.

 

No espero una vida mediocre, ni una felicidad  de ¡que bien me siento!, ¡que bonito es esto!, ¡que feliz me hace ver las mariposas revoloteando!... No espero un amor sin pasión, un amorcillo, un amor sin ¡dejarlo todo por una entrega total!, un amor sin la aventura de escalar altas torres para percibir su aroma, para ver su rostro de cerca, para paladearlo, desearlo ardientemente, tocarlo con la suavidad que mi torpeza permita, para hacerlo mío y..., compartir la dicha, extenderla a todo corazón sensible...

 

Por eso y por mucho mas, digo y mantengo que el mundo está es deuda conmigo.

 

El Creador de la Vida me ha prometido más hambre de verdad, más sed de justicia... “El que me come tendrá más hambre, el que me bebe tendrá más sed...” –Eclesiástico 24, 21-. Solo pide una mirada limpia a la vida que nos ha entregado, no una mirada transgresora de su armonía, de su amor, de su belleza y hermosura.

 

Beber la vida con sed, sed irresistible, porque la deseo y nada me sacia. La deseo bella, incontaminada, con todos sus misterios en punto de eclosión. No una vida retraída porque mi acción es insensible a lo que ve, toca y admira, porque pisoteo los diamantes, manoseo lo puro, noble y bondadoso que hay en ella, llenándolo de mugre..., porque hago que sus perfumes sean malolientes y permito que mi antena receptora del espíritu se quede obsoleta.

 

Desvelar los misterios de Dios con toda nitidez, me lo debe la vida que Mi Padre Dios me ha donado, y me ha prometido, y lo prometido es deuda..., solo por una mirada limpia y sensibilidad en mi corazón...

 

Por ahora mi mirada no es del todo limpia, pero estoy en ello. Mi corazón es insensible, pero ha vibrado ante una promesa de mi obispo: ser “servidor de todos”; y en su ‘toma de posesión del cargo’, ha dado la vuelta a la tortilla, hemos tomado posesión suya, se nos ha entregado... ¡ha comenzado su servicio! Mi corazón se emociona y activa todos los miembros adormecidos de mi cuerpo.

 

Lo prometido es deuda, y voy a por ella.