291- CREO EN EL HOMBRE-DIOS

 

 

Creo porque tengo una fe grande, que me arrastra, una esperanza cierta en un Hombre, Jesús, valiente, real, no inventado por nadie, históricamente conocido, recogidas por escrito sus palabras, transmitidos de boca en boca sus hechos...

 

Un Hombre que merece para mí más credibilidad que las interpretaciones que otros me dan de este mundo, de esta vida. Nadie le supera en la veracidad palpable de personas que son Él mismo, pobres –por encima de lo material-, humildes – solo buscan la felicidad de los demás, son felices así-, personas que se muestran como son, sin representar teatralidades engañosas que... como poco, dan risa.

 

Y este Hombre llegó de otro mundo para quedarse; podríamos estar viviendo la ley de la selva mas siniestra, donde unos seres ‘inteligentes’ son devorados por otros seres ‘inteligentes’, pero nos ha sido mostrado el ‘mundo real’ hacia el que tendemos cuando abandonamos las inhumanas miserias humanas.

 

Y este mundo se abre camino en medio de la confusión de seres sin brújula, sin una visión del futuro inmediato, dominados por el instinto de ‘lo conveniente para los nuestros’, ‘lo conveniente para mi estómago, para mi bolsillo, para mis glorias...’.

 

Es un Hombre normal, extraterrestre, treinta años viviendo la cotidianeidad en una aldea y tres años explicándonos su mundo de otro lugar, mucho más simple que este y del que somos herederos con solo aceptar en nuestro corazón un volar fuera del tiempo.

 

Y el camino es arduo, rompe todos los esquemas, porque hemos puesto nuestros valores en mezquindades y... no entendemos:

 

 

mejor servir que ser servido,

     mejor dar que recibir,

          la perfección en el sufrimiento,

               vivir el desprendimiento de lo material,

                    querer para otro lo que mas deseo para mi,

                         compartir,

                              ser el último...

 

 

Vivíamos una cómoda existencia ensimismada en el poder, en la seguridad de ‘lo mío’, sin pensar mas allá de donde llega nuestra corta inteligencia, del tiempo que todo lo limita, y..., todo se vio trastocado, guste o no a nuestro acomodamiento.

 

 

Trastocado nuestro aposento por una nueva ventana.

El ser vacío se llena de luz.

Pero la luz ciega, hace daño..., ¡cierra, cierra esa maldita ventana!

 

Hoy es tiempo terrenal.

Mañana atemporal eterno presente continuo.

 

Hoy un círculo cerrado en si mismo.

Mañana una línea sin principio ni fin.

 

Cierra esa maldita ventana.

¡Quien puede comprender... la luz!  

¡Quien puede desear... la verdad!

 

 

A ese Hombre le llamamos también Dios..., incomprensibles misterios para nuestras mentes ofuscadas.

 

Mentes complejas, embotadas, mohínas. Incapaces de captar lo puro y simple, lo limpio sin mancha, la desnudez sin apegos. Incapaces de ser sin tener, incapaces de estar sin contaminar, incapaces de contemplar..., solo sentir basta.

 

Creo, creo porque tengo una fe que me arrastra, una esperanza cierta en el Hombre-Dios.