292- CUANDO EL CUERPO Y LA MENTE NO RESPONDEN

 

 

Etapas difíciles de nuestra vida, en las que somos probados, somos examinados aquí, sufrimos dolorosas caricias de Dios.

 

Nos rebelamos a tener que abandonar sin posibilidad de recuperación, cosas muy nuestras, compañeras de toda la vida... mi pierna derecha no responde ¡con lo que me gusta jugar al futbol, subir al monte!..., ahora... me engaña, sigue ahí con apariencia normal pero incapaz de nada. Parece decir “te he sujetado toda la vida, ahora te toca a ti”, ¿a mi?, ¡esto es una traición!, ¡siempre has colaborado con todos los miembros de mi cuerpo y ahora te rajas!

 

Lo malo es cuando el resto de mis miembros ya no están para atender o suplir a nadie más. ¡Esto es una conspiración!, ¡un motín! y... voy a ponerles firmes.

 

¡Fiiiiiirmés!... Nadie se mueve, miradas lánguidas de impotencia. ¡Qué ha ocurrido aquí! siempre mi cerebro dominaba a mi cuerpo, daba órdenes y obedecía, pero ahora no.

 

No hago lo que deseo porque mi cuerpo no reacciona a mis órdenes, hace otras cosas que no deseo, mas aun, no hace lo que sabe hacer, siempre lo ha hecho, y bien hecho, pero ahora...

 

Quizás mi cerebro no le da las instrucciones correctas, al fin y al cabo, él es mi mando intermedio, y si me falla ¡que hago yo!

 

Pienso que mi cuerpo no está tan mal, pero quien dirige sus funciones ‘desvaría’. Nada bueno se puede hacer con un barco si el capitán está borracho. Él conoce el arte de la marinería, conoce al barco como nadie..., es insustituible. ¡Que hacer!

 

Observo que el deterioro no solo viene por los sistemas motrices, también los cuadros de mando se alteran por... puro desgaste. Lo físico, lo psicológico..., ¡que me queda! Gracias a Dios, que es sabio, me queda la fuente y origen de todo, el espíritu humano, que nunca decae, y si está decaído es que no lo he cuidado. ¡Manos a la obra!, estoy a tiempo de recuperarlo a su máximo esplendor.

 

Cuando el cuerpo y la mente se ven abocados a la tragedia de la vida, la muerte, nuestro espíritu inmortal, que nunca duerme aunque lo parezca, vela por la integridad de nuestro ser. Vela el proceso de muda que se realiza en cada uno de nosotros, vela por el resurgir del nuevo hombre, la nueva mujer que seremos, desprendidos de decadencias, sufrimientos y mortajas. Vela por nuestra completa realización humana, deseada pero no lograda en este mundo terrenal.

 

¡Que importante es no quedarse cortos en deseos!, ¡soñad y os quedareis cortos!, decía san Josemaría. Volar hacia las estrellas, es lo que importa, no nos quedemos en nuestros tesoros de barro.