293- GENIOS

 

 

Cuanta genialidad desaprovechada, cuantas facultades perdidas, esfuerzos aparentemente baldíos, éxitos que no llegarán..., el tiempo convierte los momentos en pasado, hace perder instantes de autentico arte, únicos, los limita y solo el listo habilidoso parece que se sale con la suya, que ¡triunfa!

 

¿Son actos irrecuperables? Nada ni nadie de lo creado se pierde, salvo el hijo de perdición. (Jn 17,12)

 

Los genios que... no creen en el Creador de vida, no creen haber recibido nada, solo creen en ellos mismos, leen la Biblia para odiar a su autor –conoce a tu enemigo, dicen-. Esos genios no dejan de sentirse ‘solos y desamparados’ en medio de tanta vulgaridad. Es dramático porque se han endiosado, sus cualidades artísticas les han cegado a la luz que reciben. Trágico.

 

Pero no lo tienen todo perdido, es recuperable su creatividad, puesto que Dios la concede a quien quiere y vela por cada uno, exponiéndose a la falta de humildad de quien recibe tan excelso don. Su arte, su buen hacer, son su mejor carta de presentación cuando tornan la mirada hacia lo alto.

 

¡Que clara es la realidad!

 

Jesús, en una ocasión, dio de comer a cuatro mil hombres, otras tantas mujeres, al menos, y más niños, seguro. Recogieron las sobras, no para tirarlas a la basura... Nada se pierde. Si eso hace con unos simples trozos de pan ¿que no hará con nuestras buenas obras, intenciones y desvelos?

 

Vocaciones frustradas, vidas aparentemente destrozadas y perdidas, muertes jóvenes, promesas truncadas, ilusiones perdidas, esperanzas rotas, deseos incumplidos, experiencias no vividas, desengaños... Nada bueno cae en saco roto, nada que no haya podido realizarse en esta corta y efímera vida terrenal quedará sin colmarnos; la fuerza de la Creación es infinita, su capacidad de fecundar y realizar no tiene límites.

 

Nuestro espíritu creativo, nuestra sensibilidad hacia lo bello, nuestra búsqueda del bien... imparable ansia de bondad, nuestra sed de conocimiento..., todo, todo y más, será saciado sin saciar con solo abrir nuestro corazón a una brisa de esperanza.