296- ¿HABLAN NUESTRAS OBRAS DE LO QUE CREEMOS?

 

 

¿De verdad llevamos en el corazón aquello que decimos y hacemos, o simplemente procuramos aparentar?

 

¿Llevamos a Jesús en el corazón y se expresa en nuestras palabras y obras o simplemente ‘cumplimos’?  


“Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo. «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados»... Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.” (Lucas 13,24-30)

 

“La verdadera amistad con Jesús se manifiesta en el modo de vivir: se expresa con la bondad del corazón, con la humildad, con la mansedumbre y la misericordia, con el amor por la justicia y la verdad, con el compromiso sincero y honrado en favor de la paz y la reconciliación. Podríamos decir que este es el "carné de identidad" que nos distingue como sus "amigos" auténticos; es el "pasaporte" que nos permitirá entrar en la vida eterna.” (Benedicto XVI)


Un programa exigente propone Benedicto XVI.

 

Debo comenzar donde estoy, aprender a florecer donde estoy plantado y no esperar a más adelante, o en otro lugar, o en otra circunstancia. Aquí y ahora, con los míos, Dios espera mi actitud positiva que me permita avanzar en su amor con abundantes frutos... Pero mi ‘yo’...

 

Debo liberarme del ‘yo’, seguir adelante en el crecimiento interior sin ser controlado por mí mismo para poder abrirme a la sabiduría de otros..., ¡más sabios que yo!.., y ser humilde para aceptarlo...

 

Porque debo prescindir de lo que no soy, de todo lo que no soy, y aceptar lo que soy: nada; dejar de fingir y tirar bien lejos la máscara que llevo puesta, pues..., el problema no es tanto la máscara como lo que hago con ella y ella hace conmigo.

 

Mi actitud es lo que importa en esta vida, sean las que sean mis circunstancias. Mejorar mi ‘ahora’, no seguir obsesivamente buscando cosas para llenarlo de... fantasías.

 

Debo mejorar mi relación con Dios, se reflejará en mi relación con los demás. Si veo a través de sus ojos aprenderé de los humildes a tener poco, solo lo necesario y aprenderé a apreciarlo.

 

Todo esto, en mi modesta opinión, es el fundamento para acometer el exigente programa que nos sugiere Benedicto XVI, a fin de creer de verdad en Jesús, ser sus discípulos y que nuestras obras hablen por sí solas de nuestra fe.