297- ¿POR QUÉ TEMO DECIR QUIEN SOY?

 

 

Extracto del libro “Por qué temo decirte quien soy” de John Powell, s.j. ed. Sal Terrae. Transcribo, comento, analizo y reflexiono...

 

Una joya entre mis manos, su densa pequeñez deja todo el espacio a la sabiduría. El título tiene su respuesta en las primeras páginas: Temo decirte quien soy, porque, si yo te digo quien soy, puede que no te guste como soy, y eso es todo lo que tengo.

 

Nos da temor abrir el corazón a Dios, no pensamos que Él nos conoce perfectamente y tenemos la ventaja de que a Dios siempre le gusta como somos, aunque estemos inmersos en los abismos mas profundos del mal, pues sabe que mañana seremos distintos: hoy no soy la misma persona que ayer, tengo mas experiencia, conozco mejor la vida... he cambiado; y Dios desea que ese cambio sea un pequeño avance hacia su bondad.

 

Pero, las heridas y sufrimientos que padecemos los humanos obstaculizan nuestro camino hacia la verdadera comunicación con el Creador y con los demás, que es sobre la que se edifica el amor. Nos hace crear pautas de acción y reacción que con el tiempo acaban haciéndonos perder todo sentido de identidad y de integridad y nos limitamos a interpretar ‘papeles’, a llevar ‘máscaras' y a ejecutar ‘juegos’...

 

Resulta difícil distinguir entre lo que realmente somos y lo que pretendemos aparentar, por eso queremos ambas cosas. Así es la condición humana, quizás nos engañemos a nosotros mismos y quizás engañemos a otros, pero a Dios no.

 

En nosotros hay un yo-niño, yo-padre y yo-adulto. El primero dice ‘me apetece salir al jardín’, el segundo dice ‘uno no puede hacer siempre lo que le apetece’, interviene el tercero y dice ‘pero como necesito tomar aire fresco, voy a salir’, y salgo. Este es el yo-adulto al que tendemos cuando aceptamos que Dios interviene en el mundo y en cada uno, cuando nos abrimos y nos vaciamos para que Él tome asiento en nosotros.

 

El ‘yo inculturado’ –programado- actúa como los demás esperan que actúe o por pautas determinadas por nuestro pasado. El ‘yo deliberado’ actúa desde la integración –integramos a Dios y a los demás en nuestra vida- y desde la convicción personal. Este último se convierte en dueño de sí mismo para hacer el bien y avanzar hacia lo eterno.

 

En ese proceso de maduración, intentamos jugar con Dios y con los demás, pequeñas maniobras de las que nos servimos para eludir la auto-realización y la auto-comunicación. Provocamos que la respuesta de otros sea la que queremos oír. Son reacciones estereotipadas ante determinadas situaciones vitales. Es necesario contactar honradamente con nuestras emociones y referirlas con sinceridad. No podemos ser ‘niños perpetuos’.

 

El hacerse persona coherente con la verdad, es un proceso dinámico, progresivo y libre. Se equilibra la interioridad y la exterioridad, se integra la personalidad. El humano no es una jungla de deseos e impulsos irracionales; si fuera así, no desearía ser plenamente humano, sería esclavo sensorial que no reflexiona sobre la paz interior, el amor, la donación... También, en sentido contrario, el humano se puede esclavizar por el intelecto, dejar que yo sea mi intelecto, cuando el intelecto solo es una pequeña parte de mí.

 

Ser ‘uno mismo’, no que sea ‘él’ –otro- quien decida como debo actuar ‘yo’... Entraríamos en una dinámica inestable: Me irrita, me pone enfermo, me deprime, no me concentro cuando él ‘pulula’, es como una mosca... No seria libre para optar a un bien mayor, estaría mediatizado si ‘otra persona’ entra en mí sin mi permiso, como un intruso, no le aceptaría. De otra forma, es un invitado y en ese caso lograremos integrar los sentidos y las emociones...

 

Todo crecimiento y maduración personal, al igual que todo deterioro y regresión personal, pasa a través de nuestras relaciones con el Ser supremo, a través de los demás. Que mi exterior refleje verdaderamente mí interior, este es el objetivo: ser libre y capaz de expresarte mis pensamientos, opiniones, valores, frustraciones, mis fallos, éxitos..., antes de estar seguro de lo que soy y puedo llegar a ser.

 

Es en el encuentro diario donde Dios ya no es un ser impersonal, es, salvando las distancias, uno más, y ‘él’ o ‘ella’ se convierte en un ‘yo’ y un ‘tú’. Uno no es la mitad de dos, sino que dos son las dos mitades de uno. El ‘encuentro’ es la ‘comunicación sincera’, y esta, el único camino para la comunión. Yo te he permitido experimentarme como persona, me he abierto a ti, tú te has abierto a mí, nos hemos abierto nuestros mundos y hemos entrado en ellos.

 

Si yo puedo comunicarme contigo y tú conmigo, es más sencillo comunicarse con los demás y con Dios a ese mismo nivel. Podremos experimentar esos encuentros, que pasan a ser ‘experiencias’ y no meras amistades.

 

Sobran palabras que expresen mejor esta realidad de acercamiento a la divinidad de Dios, en un encuentro verdadero y profundo con la persona humana de Jesús, encarnado en cada uno de nosotros.

 

 

John Powell establece unos niveles de comunicación que nos pueden ayudar a la hora de llevar a la práctica esta relación divina y humana:

 

5º- El mas bajo. ¿Como estás? ¿Y la familia? ¡Nos veremos! ¡Me encanta tu vestido!... Si la respuesta es algo más que un simple ¡Muy bien, gracias!, nos quedaríamos pasmados, y cortaríamos con un ¡perdón, en otro momento, ando con prisa!... Nadie se atreve a romper los sonidos del silencio...

 

4º- No hay comentarios personales, hablamos de otros, y de futbol, y...

 

3º- Comunico mis ideas y observo atentamente si me aceptas así, para continuar o cambiar a temas que sé que te gustan.

 

2º- Comunico los sentimientos que subyacen en mis ideas, las reacciones emocionales sinceras pueden hacer daño... Pienso que eres inteligente, y eso me da envidia... –matizo- envidia de la sana. Pienso que eres inteligente, y eso me mueve a imitarte. Pienso que eres inteligente, y eso me frustra... Podemos llegar a racionalizar la insinceridad, pasando a una relación superficial. Esto ocurre hasta con nuestra familia, puede destruir el matrimonio. Ni crecemos ni ayudamos a crecer. Podemos vivir reprimiendo las emociones. Sin embargo, un verdadero encuentro se basa en esa ‘comunicación visceral’ –gut-level-.

 

1º- Transparencia y sinceridad absoluta. No puede ser una experiencia permanente, es ocasional. Se experimenta una empatía mutua casi perfecta. Decir lo que verdaderamente siento de ti es mejor que enredarme en una relación insincera. La mentira es como un boomerang, se vuelve contra uno, causando un mayor daño para ambos. ‘No me gusta lo que hace, pero es mejor no decir nada, así, nuestra relación será pacífica’. Craso error que puede terminar en divorcio emocional.

 

1.1-                      La comunicación visceral no debe jamás implicar un juicio sobre otra persona. Si te juzgo, estoy revelando mi inmadurez. Si te digo ‘no estoy a gusto contigo’ no te responsabilizo a ti, es lo que siento en ese momento. ‘Estoy dolido por eso que has dicho’, no te he juzgado, tal vez sea mi egoísmo que me hace sensible a eso..., no estoy seguro, si lo estuviera, implicaría un juicio, solo es mi reacción emocional. Si continuamos con una aclaración, un análisis del por qué, estamos en una verdadera comunicación visceral. No juzgo intenciones y me cayo, pregunto -solo Dios puede juzgar intenciones, yo puedo juzgar acciones-.

 

1.2-                      Las emociones no son buenas ni malas –no entran en terreno de la moral-, no debemos reprimirlas, nos agotaremos, a la larga producen trastornos mentales: frustración, enfado, miedo, deseos sexuales, afectivos...; se manifiestan, las escuchamos y sin reprimirlas, las integramos mental y afectivamente.

 

1.3-                      Los sentimientos –emociones- deben ser integrados con el intelecto y la voluntad. La no-represión de nuestras emociones significa que debemos experimentarlas, reconocerlas y aceptarlas plenamente, pero no siempre obrar de acuerdo con ellas. Es de gente inmadura que los sentimientos o emociones dirijan nuestra vida. Sentir no implica permitir. “El mas mezquino de todos los miedos es el miedo al sentimiento” –Chesterton-.

 

1.4-                      Si tengo que decirte quien soy yo realmente, debo hablarte de mis sentimientos, tanto si voy a obrar de acuerdo con ellos como si no. O verbalizamos nuestros sentimientos o los somatizamos. Pueden terminar explotando si no los liberamos. Aunque enterremos nuestras emociones, nunca mueren, se somatizan en dolores de cabeza, erupciones cutáneas, alergias, resfriados, reumatismo..., tensiones musculares, hipertensión, violencia... Reprimimos nuestras emociones cuando no queremos reconocerlas... ¿temor al rechazo de otros? ¿vergüenza?

 

1.5-                      Las emociones deben ser manifestadas en el momento en que se experimentan, sobretodo si conciernen a personas con las que convivimos, salvo raras excepciones. Si forman parte del pasado, estamos hablando de otra persona que apenas interesa.

 

 

Pautas psicológicas:

 

La persona es lo que uno piensa, juzga, siente,... Si yo he comunicado estas cosas con libertad, transparencia y sinceridad, constataré un crecimiento en mi propio sentido de la identidad y un más profundo conocimiento del otro. Mis pautas de inmadurez cambiarán a pautas de madurez. Para ello, debo dejarlas aflorar y, tras haberlas examinado delante de Dios, las considero inmaduras y rechazables.

 

Si alguna pauta es una tendencia en mí, se hace evidente y ello me impacta, me sonrojo ante Dios y ante los demás, en ese momento, cambiaré.

 

Podemos pasar de una emoción a otra puesto que no son algo biológica o psicológicamente fijo e invariable. Nuestro conocimiento nos hace crecer, pues analizamos las emociones que afloran en nuestros impulsos irrefrenables y descubrimos la verdadera motivación que nos arrastra. Ahí interviene nuestra voluntad de cambiar para crecer humana y espiritualmente.

 

La persona plenamente humana que tiene equilibrados los sentidos, las emociones, el intelecto y la voluntad, suscita en los demás una reacción de sinceridad, porque hemos comenzado nosotros abriéndonos a el, hemos eliminado barreras

 

Las emociones están relacionadas directamente con la conducta humana, los placeres, el sufrimiento, los conflictos y los encuentros interpersonales. Es preciso investigarlas para descubrir cosas en mí, preguntarle a mi ira de donde viene, como ha llegado aquí...

 

Para amar de verdad, hay que comprender. Quien se siente comprendido, se sentirá amado. Si nadie me comprende ni me acepta me sentiré como un extraño, rodeado de gente pero recluido con mi soledad. Todos tenemos muchos secretos que nos gustaría compartir, y para ello debemos tener una buena imagen de nosotros mismos, no sentirnos un fraude para nadie.

 

Comienza una amistad cuando hay encuentro, se abre la mente, se ensancha el corazón, aparecen nuevas sensibilidades y sentimientos, la vida se llena de sentido... ‘yo debo decirte constantemente quien soy yo y tu debes decirme constantemente quien eres tu, porque ambos estamos en continua evolución’. Se cambia y se crece todos los días.

 

 

Cada día se abre un pétalo en mi rosa

Cada día descubro un misterio

Cada día me sorprende tu belleza

Cada día un nuevo ¡si, quiero!