298- OBSTINADOS CABEZOTAS (1)

 

 

Obstinado significa lo mismo que cabezota, pero si se escribe seguido, suena como un doble martillazo en la misma cabeza..., porque eso merece quien es reincidente en su práctica: la cabezonería. Epidemia causante de todos los males –pecados- llamados capitales; más aun, la terquedad –que también así se le designa- es una enfermedad mental que acaba adosada para siempre a nuestra inmovilidad.

 

Solo el árbol se queda enraizado donde está, le va la vida en ello..., comprensible. Sin embargo, la persona que echa raíces donde asienta sus posaderas y no permite que nadie le mueva de ahí, es un terco que renuncia a la libertad de ejercer de ser humano: ser caminante en esta vida, libre para corregir el rumbo, tomar uno nuevo, enmendar un mal camino... Libertad que se logra caminando, puesto que la vida consiste en caminar por las veredas terrenales del espíritu, buscando para nosotros y los nuestros las que nos llevan a buen fin.

 

Los ‘quietos’ permanentes no se mueven, son como una roca en mitad de la carretera: ¡de aquí no me mueve ni buda! Consiguen que un caminante que solo para a descansar para reponer fuerzas cuando escasean, tenga que verse inmerso en un embotellamiento –pues eso es lo que producen- sin saber cuando podrán avanzar.

 

El obstinado cabezota es un parásito que, guiado por la falta de raciocinio,  intenta mutar las leyes de la naturaleza a su antojo. Obstaculiza los cauces humanos de toda convivencia acuñando los frenos para que no puedan girar las ruedas.

 

“Quien no quiera sufrir dolores, pase la vida libre de amores” canta un estribillo, y eso hacen porque no se fían de nadie, pero no por ello se libran de dolores y angustias que sufren para..., no angustiarse. Son así de inamovibles. Tienen viejas cicatrices que no están dispuestos a olvidar, ni a perdonar –no conocen el perdón, ni les interesa conocerlo- y reducen su vida a unos años de amarga existencia. No desean para nadie nada mejor y eso les mantiene en sus trece.

 

Los obstinados cabezotas son carroñeros que necesitan cadáveres a su alrededor, y... “donde está el cadáver se reunirán los buitres” porque solo están a gusto entre buitres como ellos. Su inmovilismo les lleva a dinamitar la acción humana allí donde es dinámica y productiva, donde es positiva y esperanzadora, pero viven de los despojos del de al lado, del pobre, oprimido, del que busca paz y no se le permite, porque tiene que rendir para el parásito carroñero, pues también se les llama sanguijuelas o vampiros, nunca están satisfechos y necesitan mas.

 

Triste vida, triste final les aguarda, pues han logrado desesperar a muchos con la extorsión del obstáculo casi insalvable, poniendo dificultades a la vida de otros, escandalizando a muchos cuan grandes bolas de sebo inmersas en el sistema circulatorio de nuestra dinámica.

 

Llegado a este punto, seguro que todos tenemos personajes que encuadran aquí. Hay muchos mas de los que pensamos.